A pesar de que la educación privada promete una "mejor educación", el esquema bajo el que se contrata al cuerpo docente implica un detrimento a esta promesa. Contratados en su mayoría como "empleados por honorarios" --a quienes se les paga generalmente por horas-clase--, sus sueldos no son proporcionales a las colegiaturas que los padres de familia pagan. Ello origina un fenómeno que dentro del medio docente se conoce como los "profesores taxi", catedráticos que deben trasladarse de un centro educativo a otro a lo largo del mismo día, cubriendo asignaturas diferentes, requisitos distintos y ahorrando salarios para "aguantar" los meses de vacaciones, que casi en todas las instituciones privadas son sin goce de sueldo.

Términos legales y beneficios como el aguinaldo, la seguridad social, el pago por horas extra, antigüedad o la mera estabilidad laboral de semestre a semestre son desconocidas por la mayoría de estos maestros. En muchos centros educativos se privilegia el perfil de un profesionista que "comparta su experiencia" a un catedrático que abrece la carrera académica, investigando, preparando cursos, actualizándose o incluso estudiando posgrados. Esta situación prevalece desde las instituciones privadas desde nivel primaria hasta el grado de licenciatura, y en gran medida se funda en la trampa legal del trabajo por honorarios y el llamado outsourcing.

A través de estas prácticas, las instituciones son capaces de contratar a un grupo numeroso de docentes, hacia quienes no tiene mayor responsabilidad que el pago de acuerdo a su asistencia, condicionando su contratación a métodos de evaluación que se traducen en un rating o un concurso de popularidad entre los alumnos. Esta situación no es propia únicamente del gremio de maestros, sino también de otras profesiones donde se firman contrato por un periodo determinado de tiempo, renovándolos constantemente e impidiendo que generen antigüedad o responsabilidad alguna para las empresas, como la seguridad social, las prestaciones, la jubilación, etcétera.

Actualmente, cerca del 76 por ciento de la Pequeñas y medianas empresas prefiere contratar a sus empleados por honorarios, salvando su economía pero afectando la seguridad de sus empleados, quienes a la larga terminan desprotegidos por este modelo individualista que, si bien libra los males que conllevan los malos manejos de la mayoría de los sindicatos actuales, terminan por dejar desprotegido al contratado. Entre los males que esta modalidad puede causar, se encuentran los trabajos para los que los empleados se encuentran sobrecalificados, además de que la división entre empleo y desempleo se vuelve más tenue.

Estas condiciones actúan en detrimento de la educación privada, pues ¿qué profesor podrá preparar bien una clase cuando tiene otras tantas qué atender? ¿Qué dinero invertir en su actualización si tiene que sobrevivir tres meses cada año sin percibir sueldo? ¿Cómo innovar en ciencia y tecnología si se es maestro de ciencias básicas en la mañana y después empleado de escritorio en una farmecéutica? La relación entre educación y trabajo es simbiótica, pero parece que las reformas a la ley de trabajo prefieren ignorarlo y apostar por más empresas con cada vez menos responsabilidades hacia sus empleados.

Imagen: Escuela de ficción

Ismael Flores

Mexicano, 27 años, egresado de la maestría en Letras Iberoamericanas. Actualmente se desempeña como freelancer editorial y el novio que tu mamá odiaría tuvieras. Más artículos del autor »