Cada determinado tiempo, en los medios aparece alguna noticia trágica de algún niño lastimado por imitar algo que vio en la TV, en el cine o en un videojuego. Todos hemos escuchado historias sobre chicos que vuelan desde la azotea tratando de parecerse a Superman, infantes que se lesionan a golpes por alguna serie violenta, entre otras anécdotas de la nota roja. El caso que ahora sacude a la gente es el de una niña de 10 años en Piedras Negras, quien se suicidó para reencontrarse con su familia; una idea que sacó del programa de TV La Rosa de Guadalupe.

Itzel Elvira Murillo había visto un episodio de esta serie, cuya trama gira acerca de una niña que vive el divorcio de sus padres. Desesperada, decide suicidarse para que su familia le preste atención. Como en todos los episodios del programa, la Virgen de Guadalupe intercede para revivir a la chica, de modo que que padres e hija se reconcilian y deciden no romper con el núcleo familiar.

De acuerdo con el testimonio de las compañeras de clase de Itzel, la niña solía pasar las tardes sola y se sentía abandonada. Identificada con la situación, optó por quitarse la vida el 16 de agosto --día de su cumpleaños-- para que la Virgen hiciera el milagro de revivirla. Según otra de sus compañeras, Itzel ya había externado su deseo de que la fuerza divina la ayudara a salir adelante.

El caso da para hablar de muchas aristas. En Twitter, el suicidio de esta niña ha creado crítica en torno a cómo se tratan los temas en La Rosa de Guadalupe. Este programa forma parte de una tradición de series melodramáticas, cuya justificación es que "enseñan" a las familias sobre diferentes situaciones "cotidianas". Shows como Mujer... casos de la vida real o Lo que callamos las mujeres están encuadrados dentro de este género.

Este tipo de programas son bastante polémicos porque se presume una intención didáctica, como el fomento de valores o la cultura de la denuncia --en especial en los orientados al público femenino--. Sin embargo, también se basan en muchísimos estereotipos raciales, de género, sociales, económicos, entre muchos otros. A La Rosa de Guadalupe habrá que agregarle el hecho de que está basado en la religión católica, por lo que sus mensajes son percibidos por una parte de la población como un esfuerzo para imponer dicha ideología.

Podría gastar varios párrafos hablando sobre lo cuestionable del contenido, pero otro tema salta a mi atención. ¿Por qué una niña de 10 años se sintió deprimida al grado de considerar un suicidio? Sí, el programa puede fomentar muchas acciones con las que estemos en desacuerdo, pero no me parece coherente si ahora nos rasgamos las vestiduras por eso. La emisión pudo ser un factor --después de todo, de ahí salió la idea-- pero deberíamos servirnos como una llamada de atención para mirar hacia el abandono familiar, hacia un fomento a la recepción crítica de los medios y hacia la detección de conductas de riesgo. Atendamos las raíces, no los síntomas.

Pepe Flores

26. Blogger de ALT1040. Coordinador de Vivir México. Hipertextual desde 2009. Escribo sobre cultura pop, medios, política, derechos humanos, propiedad intelectual y diversidad sexual. Fundador de Elocuencia 8080 y Sexenio. Autor de "La nueva cara de Puebla" (Endeavor & UDLAP, 2011). Editor en Polaris Group. Más artículos del autor »