Cuando era pequeño, mi abuela no vacilaba en calificar a tal o cual lugar como un mero “pueblo bicicletero”. Tendrían que verla adoptar tan de pronto, con un rictus facial digno de Sara García, esos aires de aristócrata venida a menos que sólo pueden darse en el seno de la clase media. Pueblo bicicletero. Y en su juicio era inflexible. Sin embargo, lo que son las cosas; cómo cambia el mundo. Ahora, todas las mañanas, al cruzar Reforma, veo parvadas de oficinistas montados en sus bicicletas rojas, pedeleando duro para llegar a Polanco, sin que el pantalón de vestir o el zapato de tacón sean un impedimento. Al contrario, ahora son parte de un cierto garbo, de una belleza urbana similar al vuelo de las golondrinas y que Rogelio L. R. capturó en su fotografía. La ciudad de México se está convirtiendo en pueblo bicicletero, y nada me alegra tanto las mañanas como eso.

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Que bien, yo voté por esta, además la hizo con una cámara vintage; que lastima,ahora recuerdo que tenia una Canon K1 y en mi infancia la destruí, una pena absoluta .(
El otro día en clase de alemán comentabamos que en Alemania el término “pueblo bicicletero” no tendría ningún sentido…porque ¡hasta Berlín es una ciudad bicicletera! Bien por el DF y sus habitantes