No hay sorpresas. Beatriz Paredes, otrora dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, anunció su intención de contender por la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. En una entrevista radiofónica, Paredes señaló que está "puesta" para buscar la candidatura de su partido para los comicios de 2012. Desde que la elección del regente capitalino fue abierta a la ciudadanía, el cargo ha sido ocupado por un político del PRD. Sin embargo, el crecimiento del PRI como fuerza nacional, sumado al reciente triunfo de Eruviel Ávila en el Estado de México, han reavivado las posibilidades del tricolor de llevarse la Ciudad de México.

Considerado por muchos como "el premio de consolación" de las elecciones del año entrante, el PRI sabe que está ante una posibilidad inmejorable de recuperar el Distrito Federal. La designación de Beatriz Paredes cumpliría los pronósticos de la mayoría de los analistas, quienes señalan que la tlaxcalteca iría en tándem con Enrique Peña Nieto. De este modo, la popularidad del mexiquense --quien, al momento, es líder en las encuestas de intención de voto-- serviría como un apoyo fundamental para que los príistas consigan el uno-dos.

En el discurso, Beatriz Paredes ha descartado que su candidatura obedezca a esta estrategia, pero es obvio que se trata de una fórmula para capitalizar el virtual éxito del PRI en 2012. El destape de Paredes urge a los otros partidos para presentar un candidato fuerte. En el caso del PRD, el nombre más fuerte es el de Mario Delgado, actual secretario de Educación del DF; sin embargo, la postulación de la príista podría obligar al PRD a decantarse por otro contendiente con mayor proyección, como el senador Carlos Navarrete.

En tanto, en el PAN también hay río revuelto para designar a su candidato, con Mariana Gómez del Campo, José Luis Luege, Carlos Orvañanos y Demetrio Sodi como aspirantes. Empero, la entrada de Paredes también podría abrirle la puerta de Alonso Lujambio, quien tras bajarse de la contienda por la candidatura presidencial, recibiría su catafixia con su abanderamiento por la capital.

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