
“Un país de lectores”. En esta frase se condensaron las buenas intenciones que vieron nacer a la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro, la cual, a pesar de su decreto en 2008, ha encontrado numerosas dificultades para su aplicación. De todos los punto que constituyen esta ley, los referentes al precio único de libros ha sido el que más resquemor ha causado. Intelectuales, libreros, editores, escritores y lectores se han manifestado en contra de este apartado. Pero también, otros actores del mundo editorial y la literatura se han mostrado a favor. Este jueves, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que el precio único de libros no es una medida que contravenga a la Constitución, fallando en contra del amparo que la cadena de supermecados Costco había interpuesto.
En torno a esta polémica medida han existido numerosas declaraciones. Aunque el ánimo hacia esta disposición es de franca desconfianza, aún prevalece la duda generalizada de en qué consiste el mentado precio único de libros y cuáles son los alcances que contempla. Empecemos por ahí.
Como su nombre lo indica, esta disposición legal pretende fomentar, por un lado, la lectura y, por el otro, actuar en beneficio de las librerías independientes. Lo segundo, la piedrita en el zapato de esta Ley, se busca a través de que las casas editoriales fijen un precio único de libros (Artículo 22); es decir, que cada ejemplar que salga al mercado —o que entre como importación— tenga un mismo precio tanto en la librería de la esquina como en la de un supermercado, o la una cadena comercial. Éste precio no podrá disminuir antes de que hayan pasado 18 meses desde que fue puesto a la venta por un editor o un importador, y todas las librerías deberán acatar ese precio a través de consultarlo en el registro nacional.
Ahora, no todos los libros estarán sujetos a este plazo de 18 meses. Los libros usados, antiguos, descatalogados o artesanales podrán tener un precio distinto al señalado (artículo 26). Tampoco lo tendrán los libros que adquieran el Estado, las bibliotecas o las escuelas, universidades y otros centros de formación y enseñanza (Artículo 25).
Debido a estos artículos, la Ley fue considerada por la cadena Costco como una clara contravenencia a la libertad de mercado. Sin embargo, en tras una cerrada votación de la SCJN —seis votos a cinco— se declaró que la medida no se opone a los establecido en la Constitución en torno al libre mercado. A decir del ministro Jorge Mario Pardo Rebolledo, esta Ley busca favorecer los puntos de venta en detrimento de la “guerra de descuentos”, donde las cadenas de librerías o los supermercados tienen la ventaja. Supongo que por ello no es de extrañarse que el amparo haya sido interpuesto por una de las cadenas donde se pueden encontrar los títulos a un precio menor que en otros establecimientos.
El poeta Gabriel Zaid ha sido uno de los defensores más apasionados de esta ley. A través de recrear una breve historia del libro y los libreros en nuestro país —figura que cada día es más escasa— destaca que las librerías independientes se encuentran en desventaja con las grandes cadenas libreras. No sólo porque el público lector en nuestro país es escaso, sino porque la dinámica comercial no les permite hacer los descuentos que las grandes empresas pueden hacer debido a los volúmenes de compra que manejan o a los grandes descuentos que tienen con las casa libreras. Los detractores de esta ley señalan que si los libreros independientes fracasan, se debe a la poca capacidad de competencia de los libreros. Zaid responde a esto:
Los darwinistas ven todo esto filosóficamente. Si la ley de la selva destruye el medio ambiente en vez de mejorarlo, y convierte la selva en un desierto, el resultado (por definición) es óptimo, inmejorable. Cualquier intervención para que no se extienda el desierto, o para que reverdezca, sería antinatural. Si los bosques, el agua y la vida desaparecen, no hay que lamentarlo: no eran competitivos.
Y no sólo eso. También señala algunos puntos que, a su consideración, será definitorios para quien desea triunfar —o de menos sostenerse— en un país que es de todo, menos (aún) de lectores, cuando el precio deje de ser una variable para el consumo de libros:
- Surtido (su amplitud o, al contrario, su foco, como la especialización en un tema)
- Ambiente de la tienda
- Personal (el papel del librero: ése que recomienda, ayuda a descubrir, da un trato personalizado)
Entre los opositores a esta ley se encuentra Vicente Fox, quien en su momento aplicó el veto presidencial a la Ley, siendo ésta decretada hasta el mandato actual de Calderón. Las razones que esgrimió para esta decisión son, básicamente, la mismas que han expuesto el resto de los detractores. La candidata a doctora por la Universidad de Montreal, Fabiola Rodríguez Barba, recupera en su exelente texto los puntos principales del veto:
- Atentaba contra el libre mercado
- Afecta la libre competencia
- La aplicación de un precio único es una práctica monopólica
- Afectará al consumidor final, que se verá privado de los descuentos
Otros han añadido que el peleado mercado editorial cerrará aún más sus filas hacia los autores favoritos, impidiendo la entrada de nuevos talentos, ya que para recuperar la inversión de un libro “no exitoso”, deberán esperar hasta 18 meses para los remates. Sin embargo, como la misma Rodriguez Barba y Zaid consideran, esta disposición no pone en jaque el libre mercado o la libre competencia. Al contrario, establecen medidas para que, dentro de sus posibilidades reales, los distintos distribuidores de libros puedan competir. De hecho, sin estas disposiciones, se estaría favoreciendo la creación de monopolios, donde sólo las grandes cadenas dominan el panorama librero.
Imagen: PsicoTrópico de Cáncer








Me gustaría conocer la opinión de un librero independiente. Porque esta ley de ninguna manera promueve la lectura. Cuando esta ley entró en vigor los precios en las librerías subieron como un 20%
(BTWsubanelLímitea500caracteres) y nada impide a las librerías grandes dar tarjetas de descuento
La verdad es que nadie leé por los precios tan altos y los salarios tan bajos, se hace un círculo vicioso sin fin…
Soy profesor y todos los profesores ganamos muy poco (como lo comentaron en un artículo anterior) enntonces para impartir clases TENGO QUE COMPRAR LIBROS, apenas por 3 libros pague 1,560 pesos mas o menos 500 por libro, cuando mi salario es de 2,000 mensuales. ESTA MUY, MUY MAL!!!!
Los alumnos se dedican a fotocopiar libros por las mismas circunstancias. ¿A DONDE VA A PARAR LA PESIMA EDUCACIÓN Y EL FOMENTO A LA LECTURA EN ESTE PAÍS?
Si la Ley se realizó para evitar los monopolios, su fin será mantenerlos. La corta visión de quienes redactan las leyes (con sus salarios exorbitantes) y los magistrados (que también ganan su buen dinero) no pensaron en que el precio final está atado a ciertos factores que van en detrimento de “los pequeños libreros”. ¿Cuánto cuesta llevar un libro a las librerías del DF? un valor x. ¿Cuánto cuesta llevar un libro a Tuxtla Gutierrez? un valor y. Ahora, con el precio único, el precio será el mismo. O se ponen de acuerdo para que no se pierda dinero en Tuxtla, o se eleva en el Distrito Federal. Como “la casa siempre gana”, sucederá lo segundo. Y la pregunta, si el precio del libro se eleva ¿Hacia dónde se irá la demanda? Fácil…hacia la descarga del contenido mediante el internet. ¿Quiénes pueden sortear estas pérdidas…Costco, que vende mas cosas además de los libros, o el librero pequeño e independiente?
Al final, ¿quién va a sobrevivir? El problema en México no es de precios: aquí los jóvenes prefieren oír música en su “aipo” que leer un libro cuando viajan en el transporte publico…En otros países, es a la inversa. Y se demuestra en el promedio de libros leídos por habitante.
Saludos
Esta ley beneficia a las editoriales independientes, pero. ¿a los compradores de libros?
No se realmente que tanto impacto tenga esta ley, pero espero se pueda llegar a un acuerdo que beneficie a los lectores en México y ayude a que haya mas.
No entiendo, somos pocos cuando en promedio en México se leen poco más de 1.5 libros en promedio anual por Mexicano (Los que leemos por que nos gusta sabemos que está cifra la hacemos los que podemos leer hasta 20-30 libros al año), estudio en un bachillerato técnico, privado. Uno pensaría que la educación debería ser mejor y que los alumnos deberían leer más pero no es así, y si lo es me da lástima por que eso quiere decir que en las escuelas públicas nadie lee. Somos 30 en mi salón, yo leo bastante, tal vez 2 libros al mes de buen tamaño, y otra persona de mi salón también lee tal vez 1 libro cada 3 meses. Definitivamente soy el que más lee de toda la escuela. Somos ~500 alumnos por semestre, y conozco a casi todos y te podría decir que solo 10-15 personas más leen 1 libro cada ~3 meses y solo 2 más (Aparte de mi) leen a mi ritmo.
En mi ciudad la única librería que tiene surtido es porrua y no tiene ningún libro que me agrade, normalmente los libros que compro acá son de Samborns o Liverpool. Cuando voy fuera de la ciudad (Mérida,Puebla, Monterrey,etc) lo primero que hago es ir a las librerias y regresar con 5-10 libros a mi casa por ejemplo los libros de Carl Sagan me encantan y solo he podido comprar 2 (Un punto azul pálido y el mundo y sus demonios) por que son los únicos que he encontrado, una vez vi “Cosmos” pero no traía efectivo para comprarlo y me regresaba a mi casa al día siguiente.
Horrible que los pocos que leemos que de por si ya teníamos que buscar hasta por debajo de las piedras algunos libros buenos ahora tengamos que pagarlos más caros y buscarlos más a fondo, ¿A quién beneficia esto? ¿A las pequeñas librerías?…Más les beneficiaría inculcar la lectura y la buena música.
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