La diputada Edith Ruiz Mendicuti es ferviente devota de "educar con el ejemplo". Desgraciadamente, con el malo. Mientras se realizaba el Segundo Parlamento Infantil en la Asamblea Legislativa del DF (ALDF), Mendicutti y uno de sus asesores instaron a tres chicas a interrumpir la sesión, dándoles cartulinas e instruyéndolas para que tomaran la tribuna, interrumpiendo al orador en turno para leer --entre risas-- las consignas escritas en sus pancartas. "Nos dijeron que hiciéramos eso, que así normalmente se hace un escándalo pequeño y ya", declaró una de las estudiantes de secundaria que participó en la toma.

"Nos dijeron: ahorita sacan las cartulinas y se ponen enfrente y toman la tribuna, pero nosotros no sabíamos", refirió otra de las chicas, refiriéndose con el "nos dijeron" a uno de los asesores de Edith Ruiz Mendicuti quien --agárrese-- no solo es la presidenta de la Comisión de Cultura en la ALDF, sino también la organizadora del evento. "Un señor nos dijo que nos subiéramos, creo que era diputado, que así normalmente se hace un escándalo", refiere la tercera de las estudiantes. Y sí, en efecto, así se hace un escándalo. Quizá la diputada encontró "gracioso" o --de alguna manera torcida-- "formativo", manipular a tres de las participantes del Parlamento Infantil para recrear los peores hábitos de nuestros legisladores. Sea como haya sido, esto deberá acarrearle consecuencias a esta diputada.

Los Parlamentos Infantiles han significado, desde su creación en 2007 --con apoyo de la UNICEF--, una experiencia formativa enorme para sus participantes. No sólo ayuda a fomentar la cultura cívica entre los chavos de secundaria, sino que también les ayuda a apuntalar habilidades académicas y conocimientos adquiridos dentro del aula. Tras presenciar uno de estos encuentros, no me cabe la menor duda que muchas y muchos de ellos regresarán a las Cámaras en unas décadas. Y no lo digo sin cierta esperanza. Basta presenciar el empeño que ponen para preparar sus textos y la seriedad con la que desempeñan un papel para recuperar un poquito de confianza en nuestro sistema educativo y legislativo.

Acciones como las emprendidas por la diputada Edith Ruiz Mendicuti echan abajo estos logros. Para empezar, si los chavos se lo están tomando en serio, por qué tiene qué salir ella con estas francas payasadas. ¿Quería armar un psicodrama? ¿Enseñar a través del ejemplo vicario? ¿Qué? Armar sus discursos, enterarse de la dinámica con que funcionan las asambleas, investigar los datos que ellos proporcionan --cuando tomaron la tribuna discutían sobre la presencia de la droga en las escuelas--, no les tomó quince minutos. Implicó esfuerzos, horas extra de trabajo y muchas expectativas como para arruinar de esta forma uno de los pocos Parlamentos Infantiles.

La reprobación ha caído sobre ella. Alejandra Barrales, presidenta de la Comisión de Gobierno y coordinadora de la bancada perredista --partido al que ella está adscrita--, deslindó a su grupo parlamentario de las acciones y --sonoras-- declaraciones de Edith Ruiz Mendicutti, condenándolas enérgicamente. De igual manera, las bancadas panista, petista y del PVM coincidieron en que sus acciones y comportamiento fueron lamentables, merecedores de una sanción por manipular a estas adolescentes. Por el momento su caso está siendo discutido, pero esperemos que se le imponga una sanción digna de los insultos que dirigió a los periodistas y del mal ejemplo que puso en el Parlamento Infantil.

Imagen:Tlalpan

Ismael Flores

Mexicano, 27 años, egresado de la maestría en Letras Iberoamericanas. Actualmente se desempeña como freelancer editorial y el novio que tu mamá odiaría tuvieras. Más artículos del autor »