De acuerdo a las cifras del Registro Nacional de Transplantes, en nuestro país existen al menos 15 mil personas en “lista de espera” para recibir un órgano. La mayoría de ellas, debido a padecimientos renales —como la insuficiencia renal crónica—, sobreviviendo en el día a día a través de procedimientos como las diálisis, que además de mellar la vida cotidiana de los pacientes, resultan sumamente costosas. La espera por un transplante de órgano, además de ser angustiosa y desgastante, puede ser infructuosa. Durante todo 2010, tan solo mil 710 personas pudieron recibir una segunda oportunidad de vida; el resto debió permanecer en la espera… o quedarse en el camino.

El número tan elevado de personas en “lista de espera” encuentra sentido cuando nos enteramos que por cada millón de mexicanos, existen sólo tres donadores dispuestos a dar alguno de sus órganos, sea en vida o después de ésta. Y, como cabe suponer, la mayoría de los donares en vida son personas que lo hacen en beneficio de un familiar o amigo. La cultura de donación de órganos en México ha encontrado obstáculos de todo tipo para enraizarse; desde el tráfico de órganos hasta los preceptos religiosos o culturales. A pesar de que se han realizado —tímidas— campañas de conscientización, e incluso pensado en dar beneficios para los donadores de órganos, poco se ha logrado avanzar en esta materia.

Buscando combatir este rezago, los Senadores han aprobado una reforma a la Ley General de Salud, donde —entre otras cosas— se busca agilizar el proceso de donación cadavérica de órganos. Incluso entre los cuerpos que se encuentren involucrados en algún delito; último punto que a más de una persona le despertará suspicacias. Esta reforma, aprobada el día de ayer, permitirá extraer los órganos de cadáveres cuya identidad se desconozca o de quienes no se logre localizar a su parientes. Para ello, será creado el Subsistema Nacional de Donación y Trasplantes, donde participarán tanto los sectores públicos, como privados.

La extracción de órganos podrá ser realizada sin autorización previa de los familiares, a pesar de que la víctima sea identificada o estén los familiares cerca. Sin embargo, será en primer término el cónyuge o concubino, quien tendrá la última palabra sobre el procedimiento; en segundo término, podrán decidir los hijos; en tercero, los padres; y al último los hermanos. Una medida que para algunos podrá ser calificada como desesperada, pero que tomando en cuenta la desesperación que sufren a diario de las más de 15 mil personas en “lista de espera”, se convierte en una reforma positiva mientras el número de donadores voluntarios no aumente.

Imagen: Querido Leitor