A raíz del terremoto de 1985, las condiciones de las construcciones tuvieron que cambiar en la Ciudad de México, sobre todo en el centro, asentado sobre el antiguo lago de Texcoco. A pesar de las restricciones a edificios que sobrepasan cierta altura, lo cierto es que la zona centro de la ciudad está cada vez más llena de edificaciones y aún con los proyectos de recuperación de espacios peatonales, ya no caben más personas. Cada vez es más difícil caminar y moverse libremente, en especial por el centro de la ciudad.

Pensando en ello, Bunker Arquitectura desarrolló un proyecto algo diferente, un rascacielos invertido… algo como un rascasuelos.

El proyecto “Earthscraper” no sólo responde a la necesidad de crear espacios públicos en una ciudad tan caótica como el Distrito Federal, también pretende aliviar la tensión entre la conservación y el descubrimiento de nuevos hallazgos arqueológicos. La Ciudad de México, al igual que muchas otras ciudades mexicanas, tiene capas. Y son esas capas las que complican las excavaciones arqueológicas, haciéndonos escoger entre las maravillas del periodo azteca y las joyas coloniales que ya se encuentran sobre la superficie. Gracias a su figura cónica, similar a una pirámide invertida, un proyecto como el “Earthscraper” nos permitiría admirar aquello que hasta ahora se encuentra bajo tierra, aunque sin alterar las construcciones vecinas ni el paisaje urbano existente.

Esteban Suárez, director del despacho, describe a esta obra como:

El antagonista del rascacielos en un paisaje histórico urbano en el que este último está condenado (limitado en espacios para construcción) y la conservación del entorno construido es la meta primordial.

De acuerdo a Suárez, Bunker Arquitectura se acercó al Gobierno del Distrito Federal con la intención de presentar este ambicioso proyecto, aunque los resultados de dichas reuniones, o el reporte de que siquiera se hayan llevado a cabo, no han sido publicados. Pero imaginemos por un momento que se considera seriamente llevar a cabo este proyecto, además de costar diez mil millones de pesos (!), alteraría de manera momentánea el flujo vehicular y peatonal en el centro de la ciudad. Pero, ¿y a largo plazo?

Este rascasuelos de 65 niveles definitivamente se convertiría en la obra de mayor vanguardia a nivel nacional, aunque también cambiaría la cara del centro histórico de la capital del país para siempre.

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Imágenes: BNKR Arquitectura

Ximena Vega

LRI por la UDLAP. Hipertextual (Vivir México) desde marzo de 2010 y abeja obrera de la administración pública (primero en Segob, ahora en una embajada de las grandotas) desde septiembre del mismo año. Mis jefes quieren que les diga que lo que expreso en mis entradas no refleja la opinión de la Embajada de Estados Unidos ni del Departamento de Estado, yo sólo paso la voz... Más artículos del autor »