De la congeladora al fogón. Inmersos en una realidad signada por cambios vertiginosos, vale la pena preguntarnos cuánto tiempo de vida útil tiene una propuesta legislativa antes de caducar por completo o requerir de ajustes y actualizaciones; especialmente cuando se trata de iniciativas que, por angas o mangas, terminaron sus días en la famosa congeladora ¿Será de dos o quizá tres años? ¿Tal vez menos? La pregunta viene a colación por las 3 mil 930 iniciativas rezagadas que la Cámara de Diputados “incineró” ayer por la tarde.

A manera de “limpieza de primavera”, la Mesa Directiva del Congreso de la Unión, presidida por el priista Emilio Chuayffet, ordenó que fueran desechadas todas las iniciativas que titiritaban en la congeladora. Algunas sin haber visto la luz desde 1997. Las 3 mil 930 iniciativas rezagas fueron declaradas “totalmente concluidas”, acatando de esta manera las disposiciones establecidas en el nuevo reglamento de la Cámara de Diputados. El cual dispone que, de no atenderse en mes y medio las iniciativas propuestas por los distintos frentes políticos, éstas pasarán al olvido. Es decir, de la congeladora al fogón.

La “incineración” de estas 3 mil 930 iniciativas rezagadas sienta un precedente claro para la futuras Legislaturas. Tras la aplicación de este nuevo reglamento —aprobado por mayoría de votos en diciembre de 2010 y que reemplaza al de 1934 (!)—, el tiempo para legislar deberá ser empleado de manera más eficiente, tanto por el pleno como por las comisiones. De lo contrario, las iniciativas —buenas, malas o simplemente monstruosas— pasarán a mejor a vida. Al momento, 130 iniciativas “rescatadas” de las casi cuatro mil propuestas enviadas fogón deberán ser discutidas para no sufrir la suerte de sus compañeras.

De las 130 sobrevivientes, 61 le deben su segunda oportunidad al PAN; 30 al PT; otras 19 al partido Nuevo Alanza; 12 a las comisiones del DF; siete más a la de Equidad y Género; y la huérfana a la comisión de Asuntos Indígenas. A las demás nadie les tiró un salvavidas para darles una segunda oportunidad entre las comisiones o en el pleno. Se espera que con esta medida se combata el rezago que ha caracterizado a las Legislaturas de nuestro país; pues si se busca que una iniciativa no pase de la congeladora al fogón, deberá ser discutida en tiempo y forma. Medida que, lamentablemente, es de doble filo. Ahora, deshacerse de las iniciativas incómodas será más fácil. Una de las propuestas que pasó a mejor vida fue, ni más, ni menos, aquella que pugnaba por la desaparición de legisladores plurinominales.