Cuando Felipe Calderón lanzó su cruzada contra el narcotráfico, con todo y su atuendo militar unas tallas más grande, muchos creíamos que este asunto no iba a ir para largo. Pero también muchos pensamos que la estrategia era suicida. Era irresponsable que al muy poco tiempo de tomar el mandato emprendiera una guerra a gran escala, que gritara a los cuatro vientos que iba por ellos, eso nos dejó entrever que no hubo una estrategia o acción anterior que respaldara esta declaración de guerra, como el rastreo de las cuentas del narco, el combate al lavado de dinero, el uso de los servicios de inteligencia como el CISEN. Pero en ese entonces mediáticamente le funcionó, y no sabemos si fue con esa intención o no. Se cuestionaba la legitimidad del presidente tras las elecciones del 2006, y de esta forma algunos olvidaron lo ocurrido y creyeron que Felipe Calderón era un hombre valiente que si iba a combatir el crimen, muchos otros, nos mostramos escépticos.

Parece que el tiempo nos ha dado la razón, y no es que, al menos yo,  quiera desear el fracaso del presidente, pero era simple y llana lógica. Se dice que se han capturado a algunos capos, y matados algunos otros, como La Barbie, Nacho Coronel, uno de los Beltrán Leyva y algunos otros más, como si eso fuera acabar el crimen. Por el contrario lo ha agravado, porque esto ha provocado la fragmentación de algunos cárteles, y ha recrudecido la violencia. Si, algunos de arriba ya no están, pero vienen otros a suplirlos, y mientras 50,000 mueren (tal vez si, la mayoría personas involucradas con el narco) los cárteles no tienen ningún problema en reclutar otros. En Guadalajara, me he percatado que cada vez existen más jóvenes "narquillos" dispuestos a engrosar las filas de los cárteles, a quienes más que acabárseles sus integrantes, tienen todas unas "fuerzas básicas" donde van forjando sus futuras promesas.

También hay una cuestión que podría parecer simplista, pero es algo cierto si utilizamos el sentido común. Mientras exista mercado (el cual México no puede controlar porque este se encuentra en Estados Unidos), los traficantes de la droga no van a desaparecer. Calderón podría optar por militarizar más el país, incluso hacer un estado totalitario. Pero aún así el problema no desaparecería, en países como Corea del Norte, Cuba o la extinta URSS proliferan o proliferaron (en el último caso) los mercados negros. Y para justificar la lucha contra el narcotráfico nos invita a voltear a Colombia y al "éxito" de Álvaro Uribe. Pero existen diferencias, nosotros no tenemos un grupo guerrillero como las FARC, el cual efectivamente ha sido debilitado, en parte por la presencia de militares estadounidenses. Pero eso no significa que estén terminando con el flujo de drogas. Tampoco el gobierno menciona el trabajo de políticos como Fajardo, ex-alcalde de Medellín, que mejoró el problema de la seguridad mediante otro tipo de acciones no coercitivas, como la reconstrucción del tejido social, cosa a la que Felipe Calderón nunca ha tomado en cueta.

Felipe Calderón y su obsesión con el narco. Todas sus actividades políticas están relacionadas con ese tema. Su hermana Luisa María Calderón no ganó porque el narco intervino, y lo siguió sosteniendo a pesar de que se solicitó el "voto por voto, casilla por casilla" y el organismo electoral de Michoacán aceptó, lo que ratificó la derrota de su hermana. Ahora dice que las elecciones del 2012 podrían estar influídas por el narcotráfico. Gente como Sicilia lo buscan y ante la presión que ejercen estos grupos, Calderón accede al diálogo, pero en este diálogo Felipe Calderón mantiene fija su postura, no reflexiona las críticas, porque creo, que las asume que todas vienen de la oposicion, de gente que no lo quiere. Calderón ha enfocado todo el discurso en el narcotráfico que podría afectar a su partido en las elecciones venideras, y eso alimenta su otra preocupación, el tener que ser el candidato que regrese el poder al régimen priísta, expresando tácitamente el fracaso de los dos gobiernos panistas, o en su defecto, entregarle la envestidura presidencial a su acérrimo enemigo, Andrés Manuel López Obrador.

Logros no han habido muchos, pero estos quedan opacados por la retórica del combate al narco, donde Calderón sale mal parado. Por ejemplo, podría decir que el programa Oportunidades ha mostrado eficacia para contener la pobreza, la cual promediando todos los años de su gestión se ha mantenido y no ha aumentado notoriamente. También podría hablar del Seguro Popular, que cada vez tiene una mayor cobertura, y que si bien, su servicio no es de primer nivel ni mucho menos, ya es una ganancia para aquellas personas de bajos recursos que no contaban con una protección médica. También podría hablarnos del buen manejo de la macroeconomía. Pero todo esto queda empeñado, Calderón será recordado como "el presidente de la guerra del narco", "el hombre de los 50,000 muertos (más los que se acumulen)", "el primer presidente que fue denunciado por veintitresmil personas ante la corte de La Haya". Incluso los demás errores de su gestión quedan en segundo término, las falsas promesas de empleo o el deterioro de la educación que provocó su alianza con Elba Esther Gordillo.

Va a ser difícil que se le quite ese estigma, el decidió irse por ese camino y le puso tanta atención que descuidó otros rubros. Sus seguidores alegarán que fue un presidente valiente, que "le echó ganas", pero los resultados son otros, y el mundo está lleno de buenas intenciones. Lo que espera el pueblo de sus servidores públicos son resultados palpables, constantes y sonantes.

Imagen: diariando.wordpress.com

A.L.S.

Mercadólogo de profesión, activista social, muy interesado en lo que acontece en México, Más artículos del autor »