
Hace unas semanas, el gobierno federal y del estado de Chihuahua pidieron perdón a las familias de ciudad Juárez que han perdido a alguna de sus hijas, hermanas, madres o esposas o en la ola de feminicidios que ha azotado a la ciudad fronteriza. El memorial para recordarlas no causó el efecto esperado, indignando a la mayoría de los actores de la sociedad civil. El día de hoy también hemos sido testigos de una disculpa dirigida a Valentina Rosendo, una mujer que, tras ser violada por soldados del ejercito mexicano, emprendió un viaje de casi una década para exigir justicia. Misma que apenas comienza a bosquejarse en su caso. No está de más realizar una cronología de estos nueve años. Sin embargo, vale la pena hacerla a la par de un ejercicio de memoria.
A veces, cuando leemos este tipo de cronologías, saltamos de fecha en fecha y perdemos la consciencia de cuánto tiempo ha transcurrido en realidad. Te propongo un ejercicio sencillo que en muchas organizaciones de la sociedad civil y empresas se utiliza para que nos volvamos plenamente conscientes del paso del tiempo. Toma lápiz y papel —o abre alguna aplicación de notas en tu computadora— y trata de ir ligando el caso de Valentina Rosendo con tu vida personal, escribiendo qué pasaba en tu día en los días, meses o años mencionados. Yo iré poniendo el ejemplo, aunque sólo de vez en cuando para que la lectura no te sea cansada. Te prometo que el resultado será impactante. Empecemos por el 2002, cuando inició todo.
2002
Remontémonos al año de 2002. ¿Qué estabas haciendo en ese entonces? En mi caso, tras dar algunos tumbos como estudiante de veterinaria, decidí iniciar la licenciatura en Psicología.
16 de febrero. Mientras yo estaba tratando de liarme con las primeras teorías de la personalidad, en Caxitepec, estado de Guerrero, Valentina Rosendo —en ese entonces, de 17 años— lavaba ropa en un río cercano a su casa. Dos soldados del 41 Batallón de Infantería del Ejército mexicano se acercaron a ella. Tras preguntarle por un supuesto “encapuchado”, la amenazaron, golpearon y violaron.
18 de febrero. Han pasado dos días desde su encuentro con los militares. Valentina acude a la clínica de salud de su comunidad, Caxitepec —ubicada en el municipio de Acatepec, Guerrero—. Como es de esperarse, tras la violación y los golpes que le propinaron, se encuentra en un evidente mal estado. Sin embargo, el médico en turno se niega a atenderla. ¿Por qué? Tal y como sucede en muchas comunidades, el médico encargado tiene miedo de que atenderla conlleve represalias por parte del ejercito.
26 de febrero. A los diez días del ataque, Valentina se dirige al Hospital Central de Ayutla. El cual está más de ocho horas de su casa. Ahí también le niegan el servicio. Y quizá a ti también te haya pasado: no llevaba una cita y, por ende, no pueden prestarle servicio. “Órdenes son órdenes”.
27 de febrero. Tras haber concertado una cita la tarde anterior, Valentina es examinada. Sin embargo —continúan los peros— el médico sólo examina su estómago. Pretexta que, como no hay una médica, no puede practicar los demás exámenes. Ella, seguramente frustrada, regresa a su comunidad; un viaje de más de ocho horas.
3 de marzo. Valentina se lleva una sorpresa. Este domingo, a unos días de haber regresado de Ayutla, 50 soldados del ejercito se aparecen en su casa. Le obligan a señalar a sus agresores. Este día será importante para fechas futuras, pues el gobierno de nuestro país argumentará en contra de Valentina —y las organizaciones que la defienden— que ella no pudo ser capaz de reconocer a sus agresores.
8 de marzo. Valentina acude al Ministerio Público del fuero común en Ayutla de los Libres, Guerrero. Ahí, interpone una denuncia por los hechos sucedidos hace casi un mes.
19 de marzo. El médico legista Enoch Dolores Flores, perteneciente al Distrito Judicial de Morelos, la examina. En el certificado médico ginecológico que extenderá, aparece señalado que aún existen huellas de violencia física. Toma en cuenta que ya han pasado cuatro semanas desde que fue atacada cerca de su casa.
5 de abril. ¿Cuántos meses llevamos envueltos en este embrollo? Prácticamente, dos. Para estas fechas, yo estoy preparando mis entregas finales. Estoy por concluir el primer semestre de mi nueva carrera. El caso de Valentina, mientras tanto, avanza; aunque a paso de tortuga. En este día, la Dirección General de Averiguaciones Previas de la Procuraduría General de Justicia del Estado le pasa la averiguación previa a la titular de la Agencia Investigadora del Ministerio Público del Fuero Común Especializada en Delitos Sexuales y Violencia Intrafamiliar del Distrito Judicial de Morelos.
8 de abril. La Procuraduría General de Justicia de Guerrero se declara incompetente, pues el caso corresponde a la justicia militar. Su caso será archivado en 2004 por —y ojo con esto—: “no acreditar la violación sexual”. Es decir, se pasa por alto el certificado médico ginecológico que se emitió el 19 demarzo
6 de junio. Vacaciones. Al menos para mí y todos los que estábamos en la universidad en ese año. Pero en el caso de Valentina no hay tal. Ese día, ella presenta un amparo donde se solicita a las autoridades declinen su competencia, regresando la responsabilidad a las autoridades civiles.
2003
Ha pasado un año. Yo, como muchos, estoy en el segundo mes de mi tercer semestre. Para ese entonces, llevo en mi haber 14 materias de la licenciatura completadas. ¿Y en el caso de Valentina?
11 de febrero. A unos días de que se cumpla un año de la agresión. Valentina ahora interpone en el Juzgado Quinto de Distrito “B” de Amparo en Material Penal en el Distrito Federal un amparo para que su caso tenga continuidad y no quede en el olvido. Sin embargo, más tarde, se lo negarán.
6 de noviembre. Llevo 21 materias completadas. Estoy iniciando el último mes de mi cuarto semestre de licenciatura. Valentina, mientras tanto, está en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en Washington, exponiendo su caso.
10 de noviembre. Tres organizaciones, la del Pueblo Indígena Tlapaneco (OPIM), el Centro Tlachinollan y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil) demandan a la CIDH que el caso de Valentina sea tomado.
2006
Gracias a los “veranos”, tomar más materias y la presión económica, logro graduarme. En julio de este año, recibo mi título y en agosto soy admitido a la maestría en Letras. Comienzo a trabajar como profesor en algunas universidades y como creativo en una gestora cultural. Un buen año para mí. Y uno también de avances para el caso de Valentina.
21 de octubre. ¡Por fin! A casi un año de que las tres organizaciones pidieran se admitiera su caso, la CIDH les notifica que ha sido admitido. Comienzan, de nuevo, los papeleos, entrevistas e investigaciones.
2007
¿Cuánto tiempo ha pasado hasta ahora desde febrero de 2002? Más de cinco años. El tiempo que, en promedio, se requiere para hacer una licenciatura. ¿Qué no ha pasado en estos cinco años? En el caso de Valentina, siendo objetivos, realmente poco.
12 de octubre. Primera audiencia pública ante la CIDH. Un momento difícil. En la sesión, ella debe narrar con lujo de detalles todos los hechos. Desde el ataque, hasta las trabas para, primero, recibir atención médica, y después, que su caso sea investigado. Nuestro País, en su defensa, argumenta que:
- 1 la violación no fue comprobada.
- 2 Valentina no identificó a los militares que la agredieron
- 3 que los soldados no incurrieron en faltas disciplinarias
2009
Llevo tres años trabajando como profesor y estudiando la maestría. Mis primeros amigos de la infancia se casan; mis primeros amigos de la universidad, se divorcian. Han pasado siete años desde el día en que cambié de carrera. Mismos que el caso de Valentina lleva sin ser resuelto.
27 de marzo. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos emite por fin su informe de fondo donde se acredita la violación sexual. Y más importante aún, se responsabiliza al Estado mexicano como culpable. ¿Por qué? Por no hacer el mínimo esfuerzo en investigar su caso, ni en sancionar a los solados responsables de la agresión sexual.
¿Te suena familiar el 2009? Claro, fue el año de la influenza. Le cayó como anillo al dedo a nuestras autoridades, pues debido a la contingencia sanitaria, se pidió una prórroga para informar los avances del caso. Prórroga señalada al 17 de julio de ese mis año.
4 de mayo. Las organizaciones piden que el caso pase de la Comisión a la Corte Internacional de Derechos Humanos (CoIDH) para que la presión sea mayor. Su deseo se verá concedido el 31 de julio, cuando la prórroga vence y nuestro gobierno no da señales de vida a la CIDH.
2010
Mi último año en la maestría y, de paso, como docente. Después de vivir nueve años en Puebla, decido regresar al DF y comienzo a trabajar, primero, para una revista, después, para un call center. Mi vida no parecía ir para mejor. Tampoco el caso de Valentina Rosendo, quien lleva ya ocho años atrapada en esta maraña, buscando el camino que la conduzca a la justicia. Ubiquémonos en abril de 2010.
6 de abril. Dos organizaciones involucradas (Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan” y la OPIM) comienzan una camapaña para visibilizar el caso y hacerlo llegar a la opinión pública. Lleva por nombre: “Rompe el Muro de la Impunidad”.
27 de mayo. Valentina y sus abogados compadecen en una audiencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José, capital de Costa Rica. Representantes del Estado mexicano están presentes para hacer lo propio.
31 de agosto. La CoIDH emite su sentencia. El Estado mexicano es encontrado culpable de violaciones a:
- la integridad personal
- la dignidad
- la vida privada
- los derechos del niño
- las garantías de acceso a la justicia y a la protección judicial
Todas en perjuicio de Valentina Rosendo. México fue condenado a:
- reformar la legislación militar
- pagar una compensación económica a Valentina Rosendo Cantú y a su hija
- brindarles tratamiento médico y psicológico
- otorgarles becas de estudios.
2011
Ha pasado casi una década. ¿Cuántos años tenías en 2002? ¿Cuántos tienes ahora? Estamos a nada de terminar el 2011 y apenas hoy el gobierno mexicano aceptó su culpa.
15 de diciembre El secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, y la titular de la PGR, Marisela Morales, se disculparon con Valentina Rosendo a nombre del gobierno.
Hoy el Estado mexicano reconoce su responsabilidad y actúa en consecuencia, este acto público es prenda de esa convicción y a sabiendas de que parte de su sufrimiento es irreparable, esperamos que para usted, la pequeña Jenny, para todos sus familiares, este acto simbólico contribuya a la reconstrucción de su proyecto de vida. Una vez más, una disculpa, una vez más gracias a todos por estar aquí.
Por su parte, Marisela Morales, anunció que el caso lo atrajo la PGR desde el 20 de septiembre de este año, realizando actualmente una “investigación exhaustiva” mediante un equipo multidisciplinario. Asimismo, se dio a conocer que las becas mencionadas en la sentencia, ya han sido pactadas con Valentina Rosendo y su hija. Alejandro Poiré, durante esta disculpa, calificó a Valentina como una “ejemplar mujer que fue hilvanando una lección para todo México”. Demagogia y retórica a un lado, este calificativo es correcto. ¿A los cuántos años algunos de nosotros habríamos dejado este incidente atrás, tratando de continuar con nuestra vida, a pesar de la indignación, el coraje y los tragos amargos?
Cuando Valentina inició este largo peregrinaje, yo tenía 19 años. Ahora estoy próximo a los 29. Ella ahora tiene 26. Nueve años de su vida se han ido en darnos esta lección que debemos aprender. Especialmente porque en estos momentos, en alguna parte del país, existen otras Valentinas que no han contado con la ayuda de organizaciones, o cuyos casos no han prosperado en cortes internacionales. Un ejemplo de esto es el caso de Inés Fernández, otra mujer indígena que fue violada, amenazada y golpeada en marzo de 2002, y cuyo caso también ha sido llevado a la Corte Internacional de Derechos Humanos por enfrentar los mismo problemas que Valentina Rosendo.
Una reforma a nuestro sistema de procuración de justicia se vislumbra como más que urgente.
Imagen: CUARTOSCURO










Las fuerzas armadas son un reflejo del estado, ambos plagados de mulas ignorantes y abusivas. Todo aquel que cree en el gobierno o en las fuerzas armadas es un retrasado mental.
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