Pareciera que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) cada vez busca acorralar más a los productos milagro. Sin embargo, las empresas que están detrás de estos productos parecen invencibles. Durante este mes, o más tardar en mes que entra se prevé la aprobación de una ley que da a la Cofepris la facultad de ordenar el retiro de spots de televisión en un lapso menor a 24 horas. Además podrá aumentar las multas a quién incumpla la ley hasta en un 300 por ciento.

Esta medida es un pequeño paso en busca de controlar la venta de este tipo de medicamento. Sin embargo, dudo mucho que sea definitiva. El gran problema de la publicidad es que nosotros mismos caemos ante ella. Es y siempre ha una exageración para tratar de convencernos de lo bueno que son sus productos. Lo vemos en detergentes de ropa que dejan la ropa más blanco que el blanco, en aparatos para hacer ejercicio que te ponen más "mamey" que los fisicoculturistas y en cereales que te dan "energía para ganar".

Si la Cofepris llega a sacar un comercial de la televisión, éste será de productos que atenten contra la salud; mas no con productos que solo son suplementos alimenticios y que se promocionan como medicamentos de alto nivel. Un ejemplo de ello sería la línea de productos de Genoma Lab.

En noviembre del año pasado, el Partido Verde anunció una propuesta para tratar de regular la entrada de suplementos alimenticios; que es medio que usan los productos milagro para poder entrar fácilmente al mercado debido a que no se exige un registro sanitario, cosa que sí se hace en los medicamentos. Esta propuesta se me hace más completa que el sacar spots de televisión, aunque ésta última también cumple una función muy importante.

Ya veremos cuáles son los primeros infomerciales de productos milagro en caer. La lucha contra los productos milagro es difícil, pero cualquier esfuerzo que se haga en búsqueda de erradicar estos productos será sin duda una buena noticia.

Foto: ciudadania-express

Hugo Torres

Mexicano, 22 años, Ing. en Sistemas Computacionales. Más artículos del autor »