¿Alguna vez quisiste ver restos de especies extintas, de más de 11 mil años de antigüedad en la profundidad de un cenote? Hoy se puede, mediante video, gracias a la tecnología y a la investigación que realiza la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady). En 2010 se hizo público el hallazgo de restos de cuatro osos, posiblemente de la especie Arctotherium, extinta, por lo menos, hace 11 mil 300 años, en un cenote de la península de Yucatán. Ayer, 17 de enero, se presentó por primera vez al público las imágenes en video del interior de la caverna en la que reposan dichos restos.

Si bien, el filtro del video no se compara con la emoción de ser testigo presencial de los hechos, al menos permite que nos demos una idea de lo que hay en el interior. Los cenotes, cual máquina del tiempo, nos llevan a un mundo pasado en el que reposan desde hace 12 mil años los restos de cuatro cráneos completos y mandíbulas de osos, además de restos óseos de seis humanos que podrían tener la misma antigüedad.

El hallazgo es fruto de la investigación "Culto al Cenote", que inició en 2007 y sigue mostrando resultados. El proyecto es dirigido por el arqueólogo Guillermo de Anda Alanís, investigador de la Uady, quien, en su momento, advirtió la relevancia de los restos, únicos por su tipo y condición, porque se cuenta con mayor número de piezas que, además, están intactas.

Otro descubrimiento significativo en el interior del cenote fueron las marcas en las paredes que muestran una baja en los niveles de agua durante distintos periodos que varían entre los 2 y los 6 metros. ¿Eso qué importancia tiene? ¿Te resulta familiar el término cambio climático o has escuchado últimamente algo sobre sequías prolongadas? Pues bien, eso no es reciente, es algo que ocurrió hace miles de años. Las marcas son evidencia de los importantes cambios climáticos que ocurrieron en el Pleistoceno.

Fuentes documentales hablan de una gran sequía que ocurrió en la época prehispánica --relacionada con la misteriosa desaparición de los mayas--, durante los siglo VIII, IX y X. Eso implica que en ese momento la cueva estaba seca --y se puede inferir, por lo tanto, que era el hábitat de los osos--. Pero tras la última glaciación del Pleistoceno, con el deshielo, el mar subió 50 metros su nivel --más o menos la distancia de profundidad a la que se encuentran los restos--.

Si la teoría de la gran sequía y el posterior deshielo ya ha sido formulada por paleoclimatólogos, ¿cuál es la novedad? La novedad es que por primera vez se estudian estos cambios a partir de elementos arqueológicos. La información reciente indica lo extremadamente sensible que es esta zona costera a los cambios climáticos.

La península de Yucatán ha sido una especie de muestrario del pasado, no hay que olvidar el cráter Chicxulub, uno de los sustentos más fuertes para la teoría de la extinción masiva del Cretácico-Terciario, mediante el impacto de un asteroide. O los hallazgos de ofrendas mayas en cenotes. Las especialistas encuentran evidencias para reforzar las teorías, para explicarse y explicarnos qué pasó hace miles de años. Lo único que me preocupa es que eso del cambio climático y sequías prolongadas es algo recurrente en las noticias de cada día, ¿será, acaso, que la naturaleza nos quiere advertir algo?

Los dejo con el video:

Imagen: Azteca Noticias