Tal vez mi titular peca de optimista, “incrementar” implica que ya existe y que aumentó. En realidad debería decir: “Disminuye la negativa de familiares para la donación de órganos”, pero estarán de acuerdo que un titular negativo para una buena noticia no tiene el mismo impacto. Y es que el hecho de que las negativas a la donación de órganos hayan disminuido hasta en un 30 por ciento, me pone un poquito entusiasta.
En México, la cultura de donación de órganos es incipiente, por lo menos en cuanto a donaciones cadavéricas se refiere; sólo se registran 10 por cada millón de habitantes —si consideramos que hay, al menos, 14 mil personas en lista de espera, la insuficiencia numérica es obvia—; aunque eso sí, hay mayor donación entre personas vivas, particularmente trasplantes de hígado entre familiares —para que vean que los quieren con todo su hígado o, al menos, una parte—.
En octubre, el Senado aprobó una reforma para garantizar —por ley— el incremento en la donación de órganos. Si el posible donador no se opuso tácitamente en vida, se pueden usar sus órganos, previa autorización familiar. Quiero pensar que es de esas leyes que han servido para algo —eso o los de prensa de las dependencias de salud se pusieron las pilas—, porque he visto varias notas sobre donación de órganos últimamente.
Claro que la nota del corazón que se cayó en el traslado, fue conocida en el mundo por el lado cómico —lo cual, ayudó a fortalecer las medidas de seguridad en el transporte de órganos—. Pero hay otras, más modestas, que también nos hablan de esta “disminución a la negativa” de donar órganos. En Ciudad Juárez, cinco personas recibieron una oportunidad de vida, por la donación altruista de familias que perdieron a sus seres queridos. En lo que va del año, en León, Guanajuato, ha habido 12 donadores de 43 órganos y tejidos: 16 riñones, 22 córneas, dos corazones, dos hígados y un tejido músculo esquelético. Tal vez son casos numéricamente insignificantes, considerando la lista de espera, pero es mucho considerando la poca o nula cultura mexicana al respecto.
¿Por qué a pesar de las —tímidas— campañas que se han hecho para concienciar al respecto, hay tan poca respuesta? Se toca un tema ríspido: la muerte. Claro, todos vamos a morir, ya sabemos. México se “destaca” por “burlarse de la muerte”. Pero una cosa es hacer calaveritas y otra cosa es que alguien tenga los órganos que uno usó en vida, ¿acaso hay algo más personalísimo que el corazón o las córneas? Las creencias religiosas también son una especie de obstáculo, ¿uno qué certeza tiene de que el día del juicio final no va a andar buscando el riñon que donó? Ignorancia y miedo, son unos de los principales obstáculos para fomentar una cultura de donación.
Un día un conocido me soltó a rajatabla, por Twitter: ¿crees en la vida después de la vida? La pregunta me extrañó porque venía de un activista ateo que sabía mi postura al respecto, la respuesta fue obvia. Él replicó: piensa bien, la donación de órganos es la vida después de la vida. Para mi línea lógica de pensamiento, el argumento me pareció irrefutable. Él inició una campaña a favor de la donación de órganos. Yo tomé conciencia sobre algo en lo que nunca había reparado. A veces, independientemente de la creencia religiosa o su falta de ella, sólo es necesario “darse cuenta” de la importancia que tiene donar órganos.
Retóricamente, aquí podría recurrir a una historia lacrimógena sobre alguien que recibió un órgano donado o que murió porque nadie le donó. Pero es sábado y no creo que ni ustedes ni yo estemos para esos artilugios. Mejor cambio la postura: imagina que tú, sí tú, tienes un problema de salud y necesitas un órgano; imagina que la persona que más quieres en el mundo necesita un órgano. Imagina la angustia, el dolor, la zozobra, ¿qué harías?, ¡ja! ¿Qué NO harías para conseguirlo, para seguir viviendo? La desesperación conduce a decisiones estúpidas, ¿vislumbras el mercado negro como opción?, ¿qué tal estar al pendiente de cada persona que cae en coma y que tiene compatibilidad?
Sí, la idea de que al morir “te desmantelen” o lo hagan con tus seres queridos —como si fueran un montón de refacciones— es chocante y hasta molesta. Pero ¿no se perderán de todas maneras? ¿No sería mejor darle la oportunidad de seguir viviendo a alguien más? ¿No sería cerrarle la puerta al tráfico de órganos? Espero que cada día disminuya más la negativa de familiares para la donación de órganos, para que un día pueda afirmar categóricamente que incrementa la cultura de la donación de órganos en México.
I <3 you (Yo te dono).
Imagen: Terra











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