Cuando Lindsay Lohan fue liberada después de cinco horas en la cárcel debido a la sobrepoblación en sus instalaciones, fue gracioso. Cuando la sobrepoblación en las cárceles mexicanas está a punto de convertirse en una causa más del inevitable colapso del sistema penitenciario en México, es francamente preocupante. De acuerdo a cifras de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal, en México existe una sobrepoblación de 46 mil 217 presos y son 216 los centros de reclusión que presentan sobrepoblación.

El Distrito Federal se encuentra a la cabeza como la entidad con la mayor sobrepoblación carcelaria, que es de 18 mil 558 reos. En segundo lugar se encuentra el estado de México, con siete mil 788, y en tercer lugar encontramos a Jalisco, con un excedente de siete mil 275 presos. Normalmente no abogo por los derechos de los reos, pero al final del día, estamos hablando de centros de readaptación social, y cualquier cosa que pueda causar tensión o conflicto en la vida diaria de los prisioneros, mermara el ya deficiente proceso de reinserción.

Como respuesta a esta problemática, la presidenta de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal(ALDF), Alejandra Barrales, propuso hacer unos cambios a la Ley de Ejecución de Sanciones Penales y Reinserción Social. El mayor cambio, y el que pudiera resolver en parte el problema de la sobrepoblación en los centros penitenciarios, es el de conmutar la pena de privación de la libertad a los primodelincuentes, es decir, que aquellos que comentan un delito menor por primera vez podrán optar por cumplir con servicio comunitario en lugar de pasar tiempo en la cárcel.

Aunque la idea es excelente en papel, en la práctica puede complicarse. Para lograr dar un seguimiento apropiado a todos los casos de primodelicuentes que puedan optar por cumplir su sentencia fuera de las prisiones, se requiere un equipo de trabajadores sociales y psicólogos para evaluar cada caso y resolver cualquier problema que se pueda presentar, así como ayudar al delincuente a evitar la reincidencia. Esto definitivamente crearía una gran oportunidad para emplear profesionales de las ramas antes mencionadas pero, ¿existen los recursos para hacerlo?

Supongamos que existen. Una medida como lo anterior, aunque evitaría ingresar delincuentes menores a las filas de delincuentes profesionales en las prisiones y definitivamente aliviaría hasta cierto punto el problema de la sobrepoblación en las cárceles, sigue siendo sólo una acción menor en lo que debería ser un plan mayor, más integral y con una visión a largo plazo. Idealmente, acciones como las que proponen Alejandra Barrales y Fredy Díaz, con sus clases de yoga para internos, deben ser parte de una reforma al sistema penitenciario. En México debe cambiar la visión que tenemos sobre los delincuentes. Debemos ver a estas personas no como alguien que debe ser castigado, sino como alguien que, ya sea a corto, mediano o largo plazo, debe ser reinsertado en la sociedad sin ningún riesgo de reincidencia.

Image: lcum

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Ximena Vega

LRI por la UDLAP. Hipertextual (Vivir México) desde marzo de 2010 y abeja obrera de la administración pública (primero en Segob, ahora en una embajada de las grandotas) desde septiembre del mismo año. Mis jefes quieren que les diga que lo que expreso en mis entradas no refleja la opinión de la Embajada de Estados Unidos ni del Departamento de Estado, yo sólo paso la voz... Más artículos del autor »