Entre las deudas históricas de nuestro país está la del trato digno a indígenas y afromexicanos, a últimas fechas, los migrantes se han sumado a esta deuda. No es gratuito que Rupert Knox, investigador de Amnistía Internacional (AI) sobre México, haya advertido que la discriminación sigue siendo generalizada y constante.

El Comité para la Eliminación de todas las formas de la Discriminación Racial (CERD) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) evalúa la actuación de México en materia de discriminación racial, para ello, tomará en cuenta tanto los reportes enviados por organizaciones no gubernamentales, como el informe presentado por la delegación mexicana.

AI, en su papel de "fiscal", entregó información al Comité sobre los abusos padecidos por migrantes y pueblos indígenas. El informe es fruto de dos años de investigación y documenta los abusos sistemáticos cometidos por bandas delictivas y funcionarios públicos contra migrantes en situación irregular que atraviesan México, en su mayoría procedentes de Centroamérica. En el informe, AI concluye que decenas de miles de migrantes que viajan por nuestro país habitualmente caen víctimas de extorsión, malos tratos, secuestros, violación, asesinato y reclutamiento forzoso por las bandas delictivas. Con respecto a los indígenas mexicanos, el organismo advierte que la discriminación que aún se practica se traduce en pobreza, marginación extrema, indefensión y falta de acceso absoluto a la justicia.

En respuesta a las acusaciones, Ricardo Bucio Mújica, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), expuso los avances y desafíos del Estado en su lucha contra la discriminación. Destacó que en México se da un reconocimiento constitucional a los derechos humanos, se amplía su cobertura y se pone en el centro del primer capítulo a los derechos humanos y sus garantías. Señaló que se elevaron a rango constitucional los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por el país, y que se mejora el marco legal para el cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Apuntó además que se estableció la educación en materia de derechos humanos y diversidad cultural en todo el sistema escolar nacional, particularmente en materia de la lucha contra la marginación.

Por su parte, Janitzio Durán, titular de la Unidad de Planeación de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, consideró que se ha avanzado considerablemente en el acceso a la justicia efectiva de los casi 16 millones de indígenas. Habló sobre el esfuerzo importante que se ha hecho para que la mayoría cuenten con asistencia letrada e interpretes, que no sólo traducen, sino que además conocen sus usos y costumbres. Señaló que entre 2009 y 2011 se excarcelaron más de 3 mil reos indígenas. Y como muestra del compromiso, destacó el incremento de recursos en el presupuesto federal para la atención de esta población.

Esas son las dos caras de la moneda, con sus dos versiones con respecto a la discriminación en nuestro país. ¿Qué piensan los miembros del Comité evaluador? Pastor Murillo Martínez, relator del CERD para México, expresó que a dicho órgano le preocupa las faltas de garantía en el sistema judicial en favor de los pueblos indígenas. Manifestó que otro punto de inquietud es hasta dónde el impacto de la lucha contra el narcotráfico puede ocultar la dimensión de la situación de racismo y la discriminación racial en el país. Alertó en cuanto a lo vulnerables que son los pueblos indígenas y los pueblos afrodescendientes, que aún siguen siendo invisibles en la sociedad mexicana. Por ello, adelantó que seguramente el CERD instará a México a que profundice sus esfuerzos para evitar que los migrantes sigan siendo objeto de vulneración de sus derechos.

Sí, la discriminación en México sigue siendo una deuda para diversos grupos. Lo sabe AI, lo saben los del CERD, lo saben las autoridades, lo sabemos nosotros y, lo peor, lo saben y lo sufren indígenas y migrantes. Cuando se habla de discriminación, no bastan las recomendaciones de todos los organismos del mundo, ni los programas o dineros que destine el gobierno en turno, se trata de un problema estructural incardinado en lo más profundo de nuestra naturaleza humana. Discriminar es parte subyacente de la identidad, nos reconocemos con los iguales en contraposición de los diferentes y tenemos actitudes discriminatorias todos los días, contra indígenas y migrantes, pero también contra mujeres, ancianos, niños, personas con capacidades diferentes, gordos, feos, chaparros, altos... En discriminación, el que esté libre de pecado... No por ello podemos cruzarnos de brazos. Es necesario que las autoridades sigan las recomendaciones y hagan todo lo que esté a su alcance para subsanar la situación, pero también lo es que nosotros, en nuestro día a día, pensemos más en el otro diferente y seamos un poco más conscientes y respetuosos con los demás.

Imagen: Agua, ríos y pueblos