Esa sensación de que el dinero cada vez nos rinde menos, de que hace un año se podían comprar más cosas con el mismo ingreso, no es sólo una impresión, es un hecho. El salario mínimo se quedó corto considerando el aumento de costos en los productos y las familias mexicanas, particularmente aquellas que viven con el mínimo, están en serios aprietos. El salario mínimo aumentó 2 pesos con 63 centavos en este 2012, lo cual no alcanza para solventar el incremento registrado en promedio en el último año de la canasta básica.

De acuerdo con el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados, entre febrero de 2011 y la segunda semana de enero de 2012, el costo del consumo individual mensual de insumos básicos pasó de 522.80 pesos a 564.67, lo que significó un incremento de 8 por ciento, mientras que el salario mínimo general sólo aumentó 4.2 por ciento.

Pero ¿quién vive con el mínimo? A veces las personas no se dan cuenta de lo afortunadas que son al tener ingresos superiores, por desgracia, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), hasta mediados del año pasado (tercer trimestre: de julio a septiembre), la Población Económicamente Activa (PEA) sumó 46 millones 815 mil 997 personas, de las cuales 56.8 por ciento ganaban entre uno y hasta tres salarios mínimos. Sí, al parecer, más de la mitad de los mexicanos tendremos que vivir con 62.3 pesos diarios, que es en lo que quedó el salario mínimo, a partir del 1 de enero de este año.

El panorama no es alentador, Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody's Analitycs, advierte que la inflación va a la alza y con el escaso aumento al salario mínimo no sólo no sólo no se recuperará el poder de compra que se perdió el año pasado, incluso habrá un deterioro adicional el -menguado- poder adquisitivo. Para compensar esto, se tendrían que buscar empleos adicionales o trabajar horas extras -en el caso de que se paguen-. Habrá que seguir de busca chambas y milusos en trabajos que no son permanentes, ni por contrato, y de prestaciones ni hablar.

Y si pensamos que los citadinos estamos mal, los que se dedican al campo están peor, no sólo por las tremendas sequías que han asolado a buena parte del país, sino porque los insumos agrícolas se mantienen a la alza y parecen inalcanzables. El CEFP apunta que el Índice de Precios al Productor del sector económico primario aumentó 18.2 por ciento. La gasolina y el diesel subieron 11.5 y 10.7 por ciento, respectivamente. Además, el fosfato diamónico -fertilizante que sirve para inducir la floración, lo que implica aumento en la producción y calidad de los frutos-, aumentó 53.6 por ciento.

Ya sabemos que los problemas económicos afectan principalmente a los que menos tienen, saber no lo hace más digerible o soportable. Los que estamos en esta franja del salario mínimo tendremos que aprender a hacer malabares con la canasta básica que, de acuerdo con Diconsa, incluye: maíz, frijol, arroz, azúcar estandar, harina de maíz, aceite vegetal comestible, atún, sardina, leche en polvo, chiles enlatados, café soluble, sal de mesa, avena, pasta para sopa, harina de trigo, chocolate en polvo, galletas marías y de animalitos, jabón de lavandería, jabón de tocador, papel higiénico, detergente en polvo y crema dental. Por lo pronto, yo me estoy haciendo a la idea de empezar a comer sardina, porque esa dieta de atún y avena ya no me agrada del todo.

Imagen: Colombia desde afuera