Cuando se dice "en peligro de extinción", generalmente se piensa en especies animales o vegetales y los ecologistas lanzan cruzadas -por demás loables- para proteger a los especímenes vulnerables. Se declaran reservas naturales y vedas, el mundo se indigna -yo me indigno-, hay grupos férreos dispuestos a defender a las especies hasta las últimas consecuencias. Pero cuando lo que está en peligro de extinción son las lenguas de grupos minoritarios, hay poca alarma, pocos interesados y muy pocos los que hacen algo para preservar el cúmulo de aspectos culturales que está en peligro si esa lengua desaparece.

El lenguaje nos humaniza, para algunos lingüistas, incluso, la conciencia es efecto del lenguaje, es un lenguaje en el cerebro. No hay herencia más rígida e impositiva que el lenguaje, tampoco la hay más rica. La lengua modela la forma en la que se ve y se entiende el mundo, por eso, cuando se muere una lengua, se muere también una manera singular de observar, analizar y entender el orbe, la lengua refleja la forma de vida de una sociedad. Y entre todas las lenguas, a riesgo de ponerme edípica, la más importante es la materna.

En noviembre de 1999, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró el 21 de febrero como el "Día Internacional de la Lengua Materna" -sí, los que se quejan de los "días internacionales de lo que sea" ya tienen uno más para protestar-. Desde su creación, hace más de seis años, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) ha conmemorado este día con un evento nacional que incluye actividades culturales y académicas, con el propósito de promover el ejercicio de los derechos lingüísticos y el respeto a la multiculturalidad de los pueblos y comunidades indígenas.

A pesar de lo positivo que eso representa, pasa lo mismo que con tantos "días de", ese día se les recuerda y se les enaltece, y al siguiente se les regresa al rincón. De acuerdo con la UNESCO, la mitad de las 6 mil lenguas que existen en el mundo están en peligro de extinción. A decir de la comisión alemana del organismo, cada 15 días desaparece una lengua. Para una mayor referencia, la UNESCO puso en marcha el atlas de las lenguas más amenazadas, el cual se actualizará semanalmente y, de momento, incluye 2 mil 474 idiomas, así como la región y su grado de riesgo.

El buscador del atlas revela que en México existen 143 lenguas indígenas en peligro, particularmente en la zona del sureste. Se dividen en cinco categorías:

  • Potencialmente amenazadas: Distintas variantes de Náhuatl, Otomí, Mazahua, Mazateco, Zapoteco, Mixteco, Chatino, Amuzgo, Mixe, Kekchí, Chinanteco, Chol, Tzelzal, Tzolzil, Maya yucateco, etc.

  • Amenazada: Tarahumara, Mayo, Huasteco, Cora, Huichol, Chichimeco, Totonaco, Purépecha, Yopi, Cuicateco, Soseapaneco o Zoqueano alto, Sayulteco, Chontal, Trique, Acateco, Mopán, Tojolabal, Zoque, Huave, etc.

  • Seriamente amenazada: Quechan, Diegueño, Kumiai, Cocopa, Kiliwa, Cahuilla, Pima-Papago, Seri, Yaqui, Tepehuán, Guarijío, Kickapoo, Pame, Tepehua, Oluteco, Matlalzinca, Ocuilteco, Popoloca, Tequistlateco, Texistepeco, Ixcateco, Ayapaneco, Lacandón, etc.

  • Moribunda: Paipai, Cochimi, Ópata, Chicomucelteco, Solteco y Papabuco.

  • Extinguida: Cupeño, Waikuri, Huchití, Pericú, Tepecano, Cuitlateco, Pochuteco y Chiapaneco.

Para determinar si una lengua está en peligro, los expertos de la UNESCO han identificado nueve aspectos que deben ser considerados en conjunto:

  • Transmisión de la lengua entre las generaciones.
  • Número absoluto de hablantes.
  • Proporción de hablantes dentro de la población total.
  • Cambios en los dominio del lenguaje.
  • Respuesta a los nuevos dominios y los medios de comunicación.
  • Disponibilidad de materiales para la enseñanza del idioma y la alfabetización.
  • Actitudes y políticas lingüísticas gubernamentales e institucionales, incluyendo el estado oficial y el uso.
  • Actitudes de miembros de la comunidad hacia su propia lengua.
  • Cantidad y calidad de la documentación.

Así, se establecen grados de riesgo que van desde las potencialmente amenazadas porque el número de niños que las aprenden disminuye, a las moribundas o extintas, pasando por los idiomas en peligro, en los que los hablantes más jóvenes son adultos, o los seriamente en peligro, que sólo cuentan con hablantes de mediana edad o ancianos.

¿Por qué se extinguen las lenguas indígenas? Según la dependencia, algunos factores que las amenazan son la guerra, la deportación y la estigmatización, así como la mediatización global en las lenguas predominantes, la natural mezcla de las lenguas y los fenómenos migratorios. Aunque se ha dado el caso en el que la amenaza corre a cargo de los problemas entre hablantes.

¿Por qué habrían de importarnos esas lenguas indígenas a los demás? Como se dijo al principio, cada lengua refleja una singular visión del mundo con sus propios sistemas de valores, filosofía y características culturales. Cuando muere una lengua se lleva todo ese conocimiento que puede ser esencial no sólo para ellos, sino para otros. Para las comunidades de hablantes, las lenguas son los vectores de la tradición. Parte fundamental e indisoluble de la identidad cultural y parte también de su patrimonio. ¿Acaso hay una herencia más valiosa que la lengua?

Imagenes: Rocksonora, dodecaedro12 / Promotora Española de Lingüística