Los eventos masivos requieren seguridad especial. Una multitud enojada o asustada, es una multitud peligrosa. No son pocos los casos de conciertos o partidos de fútbol en el que las cosas se salen de control y lo que se suponía sería una buena experiencia para los asistentes, se convierte en un verdadero infierno. Esta ves sucedió en el "Corona Music Fest" 2012, realizado en el Ecocentro Expositor ubicado en el municipio de El Marqués, Querétaro. El saldo: una mujer violada; al menos 200 lesionados y 9 detenidos.

En un confuso comunicado emitido por la dirección de Protección Civil Estatal, a través del Poder Ejecutivo de Querétaro, se dan cuenta de algunos hechos. Digo confuso porque lo primero que mencionan es que Protección Civil no
fue notificada de la realización de este evento, ni solicitaron apoyo alguno por parte de los organizadores y autoridades del municipio. De hecho, caso curioso, la dependencia supo del evento por los medios de comunicación, tras lo cual envió personal para verificar condiciones y emitir alguna recomendación de última hora.

¿Eso qué tiene de confuso? Que en el siguiente párrafo se dice que los organizadores cumplieron con todos los trámites de licencias y permisos en tiempo y forma. Entonces yo ya no entiendo, ¿notificar a Protección Civil para un evento masivo no debería ser parte, justo, de los trámites?

Lo más curioso es lo que dice después, pues a pesar de atender a 200 personas, en su mayoría por caídas, resbalones y descalabrados, de tener que trasladar a tres al hospital, incluido el caso de violación, y de haber nueve detenidos, dicen que fue un evento con buenos niveles de control, organización y logística. Si eso implica "buen nivel de control, organización y logística", no quiero saber cómo son los eventos en los que estos factores son malos.

Lo peor es cuando dicen que el problema fue el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y el anonimato. A mi juicio es lo peor porque entonces el responsable es el alcohol, como si no hubieran muchísimos conciertos masivos, con alcohol de por medio, en el que el que estas cosas no pasan -y que, por lo tanto, refutan el punto-, y no la negligencia de los organizadores que desde el principio, ni siquiera notificaron a Protección Civil.

Que no se me malinterprete, no deslindo de responsabilidad a los participantes, quienes son responsables, no sólo en este caso, sino en cualquier otro en el que los "ánimos se desbordan", pero cuando los organizadores son "cortos de miras", la consecuencia de una desgracia es casi obvia.

¿Cómo olvidar aquél concierto de Metallica -de 1999-, en el que abrió Pantera, y en el que terminaron volando sillas? A partir de entonces, Ocesa jamás volvió a colocar asientos numerados en presentaciones de rock. O el concierto masivo de Caifanes -1995- en la Delegación Venustiano Carranza, que se adelantó una hora porque fue mucha más gente de la pensada y cuando llegaron más se enojaron, generando destrozos, evento que motivó la prohibición de eventos al aire libre por algún tiempo. O, también hablando de masivos gratuitos, el de Café Tacuba -2005- en el que hubo un montón de heridos. O cuando se acabó la bebida -cervezas, refresco y agua embotellada- en el Vive Latino o, mejor, en la edición del 2000, en la que se les ocurrió la genial idea de proteger el pasto del Foro Sol con una base de plástico y el público lo termino arrancando para aventárselo a los de Dover. O cuando se hundió el Aca Tiki por sobre venta de boletos. En fin, ejemplos hay muchos, la constante es la misma: problemas de organización. Después de todo, si hacen un evento para 40 mil personas y los organizadores sólo contratan a 300 elementos de seguridad, además de la negligencia notada anteriormente, tampoco se puede esperar demasiado. En estos casos, pasar por alto la seguridad es una fórmula para el desastre.