La música nos afecta de alguna forma, lo intuimos, lo damos por sentado cuando recurrimos a ella para encontrar ese remanso de paz que ningún otro medio nos proporciona. Hay quienes lo saben mejor que los demás: los músicos; lo saben tanto y tan bien que le dedican su vida. A veces uno ve a los músicos y se pregunta ¿cómo hacen para desarrollar esas habilidades? ¿Será que es una especie de don que les fue otorgada a unos cuantos y los demás sólo podemos contentarnos con escucharlos? ¿O será, más bien, producto de un arduo entrenamiento de por vida?

Diversos investigadores se han dedicado a analizar el efecto de la música en el cerebro, como Luis Concha Loyola, médico e ingeniero biomédico del Instituto de Neurobiología (INb) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien encontró que además de lo que ya sabemos, es decir que la música es un placer generador de emociones y evocador de recuerdos, también aumenta la actividad de ciertas áreas del cerebro y ésta se expande a la zona del lenguaje si quien la escucha es un músico.

¿Cómo llegó a esa conclusión? Con ayuda de equipos de resonancia magnética, midió en varios voluntarios la reacción cerebral ante la música mediante imágenes de resonancia magnética funcional, así pudo identificar algunas reacciones, por ejemplo, que los sonidos provenientes de instrumentos como pianos y violines aumentan la actividad del lóbulo temporal, que tiene entre sus funciones principales la audición, el lenguaje y la memoria.

Al comparar a músicos con no músicos, encontramos que los primeros reclutan más actividad en esa área del lóbulo temporal, lo hacen de los dos lados del cerebro, y en una parte donde los no músicos normalmente reclutamos para el lenguaje.

El investigador de la UNAM infiere que los músicos echan mano del área que el resto utiliza para el lenguaje porque, al parecer, les ayuda a procesar e interpretar la información musical, y agregó:

Es difícil saber si los músicos utilizan esa área del lenguaje desde el nacimiento y si por eso se dedican a esa actividad, o si ocurre al revés, y es el entrenamiento musical el que los hace ampliarse al área del lenguaje. Necesitaremos realizar observaciones detalladas para saberlo.

Más allá de si el músico nace o se hace, es un hecho que su cerebro reacciona de manera distinta al de los demás. Especialistas de la Universidad Northwestern de Estados Unidos, encontraron que los retrasos en el ritmo neuronal pueden eludirse o reducirse con entrenamiento musical, es decir, la experiencia musical a largo plazo afecta al proceso del envejecimiento humano.

Las mediciones, llevadas a cabo por investigadores del Auditory Neuroscience Laboratory de dicha Universidad, demostraron que el ritmo neuronal de los músicos más ancianos presentaba una ventaja. De acuerdo a la explicación de la neurocientífica Nina Kraus, co-autora del estudio, “los músicos más ancianos no sólo superaron a las personas de su misma edad que no eran músicos, sino que además decodificaron los estímulos sonoros tan rápida y acertadamente como los adultos más jóvenes, que no eran músicos”. Los resultados obtenidos refuerzan la idea de que experimentar activamente los sonidos, en el transcurso de nuestra vida, tiene un profundo efecto en el funcionamiento del sistema nervioso.

Quizá esa actividad cerebral privilegiada es lo que da a los músico un aire de inteligencia irresistible -una buena explicación para mi debilidad por el gremio-, aunque no sólo ellos disfrutan de sus maravillas, los no músicos tenemos el "consuelo" de seguir gozando con ella -pese a que no nos active más el lóbulo temporal- y los niños podrían aprovechar la oportunidad de explotar su potencial musical.