No sé si por falta de información, por costumbre, o es porque sirve muy bien de bandera política, pero aún creemos que nuestros peores problemas de salud se deben a la desnutrición y a la pobreza. Aclaro (porque luego hay quien se toma las cosas demasiado literal), no niego que en nuestro país no hemos logrado erradicar la pobreza y desnutrición y debe seguir siendo una meta. Pero si seguimos creyendo que ahí debe estar el único y principal enfoque de los programas de salud, nos vamos a dar de topes del tiempo perdido y la mala inversión cuando finalmente nos caiga el 20: las principales causas de muerte prematura a nivel mundial (exceptuando África) derivan de la abundancia y exceso de recursos, no de la pobreza. Tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, inclúyase nuestro país.

Si no lo creen, pueden ver las nuevas medidas de salud que estableció la 65a Asamblea Mundial de la Salud clausurada el sábado pasado, entre las que se encuentra la meta de reducir en un 25% la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas, para el año 2025. Dentro de las resoluciones establecidas para lograr esta meta se menciona la necesidad de reducir la exposición a los factores de riesgo de esas enfermedades, entre las que están principalmente el consumo de tabaco, el uso nocivo del alcohol, las dietas malsanas (entiéndase mala alimentación, no carencia) y la inactividad física. Es decir nuestro principal problema de salud ya no está en la lucha por la sobrevivencia, sino en la elección de tu estilo de vida.

"Ah pero eso son metas globales, aquí no es tanto así", solemos pensar comodinamente. Pero para muestra ayer precisamente salían las declaraciones de la diputada María Elena López Loyo que decía que en nuestro país gastamos anualmente 240 mil millones de pesos en la compra de comida chatarra, y quienes más consumen estos productos son los niños. Además comentó que la obesidad cuesta 42 mil millones de pesos al año y una pérdida productiva de 25 mil millones de pesos. No es que se pretenda que nadie compre comida chatarra, pero hay que pensar que si reducimos el gasto en ese tipo de alimentación, también se reduciría el gasto en las enfermedades derivadas de la obesidad, lo cual se podría utilizar en otro tipo de males como son precisamente los derivados de la pobreza y desnutrición.

Lo más irónico es que las medidas individuales que se deben de tomar son sencillas (desde el punto de vista que no te cuestan y está en tus manos seguirlas) pero por el otro lado difíciles dependiendo del grado de voluntad que seas capaz de tener: evita el cigarro, controla el consumo de alcohol, aprende a comer correcta y moderadamente y haz ejercicio. Ya sea que lo hagas por tí mismo, que yo creería que es el principal motivo que debemos tener, o si tu espíritu es más de ver por el otro, entonces hazlo por el resto de la población, porque al final lo que está pasando es que las consecuencias de un mal estilo de vida, de una o de otra forma lo pagamos todos.

Foto: clonazpm

Ileana Fernández

Publicista de profesión; curiosa, observadora y analista por costumbre. Más artículos del autor »