A pesar de que en los últimos años se ha tratado de orientar a los adultos en torno a la sexualidad infantil, lo cierto es que aún prevalecen muchos prejuicios que reprimen la naturaleza sexual, haciendo de algo natural, algo malo, sucio, condenable, que genera culpa y conductas de riesgo para los niños. En una primaria del municipio de Calkiní, Campeche, cinco estudiantes de sexto grado participaron en un video donde tres sostienen relaciones sexuales en un salón de clases, uno observa y otro graba con su teléfono celular.

El "recreo" tomo otro sentido, cuando los menores de 12 años aprovecharon este momento para grabar el video en el aula. En aproximadamente un minuto de grabación, se muestra a un chico que sostiene relaciones sexuales con dos de sus compañeros. Mientras uno le practica sexo oral, otro lo penetra vía anal. Los participantes intercambiaron el video a través de sus teléfonos celulares. Luego, la mamá de uno de ellos lo cachó viéndolo. La mujer reconoció a uno de los participantes en el video y fue a la casa del niño para reclamarle a su mamá "lo que su hijo hacía". La otra madre también se enojó y le reclamó al maestro y al director del plantel.

¿Se dan cuenta de cuál fue el mayor problema aquí? Que cuando los adultos vieron el video se enojaron y culparon a otros adultos en lugar de hablar con los niños participantes, y empezaron a buscar culpables. La madre del menor acudió ante la Procuraduría General de Justicia del Estado a presentar una denuncia para investigar el origen del video, a los que participaron y a quién o quiénes ordenaron a los menores sostener relaciones sexuales y grabar el hecho.

Es decir, como no sabemos dar educación sexual a nuestros hijos, vamos a buscar culpables, otros, allá, lejos, que no somos nosotros. Vuelvo al punto, el problema de origen está en los prejuicios y en la ignorancia. Se piensa falsamente que un niño, desde que nace hasta que es púber, es algo así como un ente asexual. Cualquier acto que manifieste sexualidad o placer es censurado y reprobable, ya saben "¡niño cochino, déjese ahí!", se le grita al pequeño de cuatro años que se toca el pene sin mayor reparo.

Entender la sexualidad infantil es fundamental para saber encausar los actos y evitar conductas que les afecten. Entender, por ejemplo, que los niños necesitan tocarse y mirarse para reconocer y comprender su cuerpo. La curiosidad y el interés que muestran por explorarlo, conocerlo y experimentar con él sensaciones agradables y placenteras, son exactamente eso y no otra cosa. En la primera infancia, la autoexploración se extiende por igual a todo el cuerpo y tocarse sus genitales es sólo un modo más de descubrirlo y explorarlo. Aunque pronto descubren que acariciándolos sienten algo diferente que les produce placer. Asociar este placer con suciedad o con algo negativo crea un conflicto difícil de resolver, ya que probablemente no dejarán de autoexplorarse, pero lo harán a escondidas y con culpa. Y, de este modo, es difícil que vivan su cuerpo sanamente y con placer. Lo que se recomienda hacer es orientarlos, cuidar y enseñar que no se hagan daño y abrirles nuevos horizontes: actividades, juegos, entretenimiento; evitando la monotonía y el aburrimiento.

Hay otra etapa que a unos padres les da risa y a otros les escandaliza, ambas muestras de ignorancia porque más allá de orientar a los niños, los confunde. Es la de "jugar al papá y a la mamá" o "al doctor". Los juegos amorosos con otros niños suelen tener el objetivo de pasarlo bien y de imitar lo que creen que hacen las personas mayores, no tienen un sentido erótico tal y como lo entendemos nosotros. A esa edad, los “descubrimientos sexuales” tienen la misma carga que cualquier otro juego. Es habitual, por ejemplo, que una niña toque el pene de un niño para comprobar que efectivamente “se pone gordo” y, tras hacer esta comprobación, siga jugando a cualquier otra cosa con tranquilidad. Es importante que se toquen y se miren de la manera que lo hacen porque en ella no hay connotación negativa.

Entre los once y doce años la curiosidad acerca de los temas sexuales aparece mucho más perfilada: quieren saber, por ejemplo, qué es un condón y cómo se pone, a qué edad comienza el hombre a eyacular, cuándo empieza la menstruación, qué es el orgasmo, qué es la virginidad, a qué edad pueden tenerse relaciones sexuales, que es la homosexualidad, etcétera.

Los niños en edad escolar están inmersos en un mundo en el que prácticamente no hay fronteras: la casa con radio y televisión, la escuela con un sinfín de amigos y de compañeros, la calle con sus puestos de revistas, el internet, los celulares y, en general, el contacto con toda clase de personas hacen un contexto en el que cualquier tipo de información pueda estar al alcance. De ahí la importancia de que el hogar y la escuela ofrezcan una orientación adecuada, sana, veraz y principalmente formadora del criterio. Es necesario que los niños entiendan, y para que entiendan es forzoso que sepan.

Ahora, ¿se puede hablar de abuso sexual infantil en este caso? Aunque hay diferentes criterios entre la vía jurídica y la psicológica, hay consenso en lo siguiente:

El límite que traspasa la evolución natural de la sexualidad infantil y nos permite hablar de una sexualidad abusiva se produce en el momento en que el/la menor pierde el control sobre su propia sexualidad y con ello del autodescubrimiento de su cuerpo y su placer para ser instrumentalizado en beneficio de un placer ajeno del que no es protagonista, y con una persona con la que está en una relación de asimetría de algún tipo de poder: control, edad, madurez psicológica o biológica.

En este caso, todos tienen 12 años, habrá que ver las condiciones de poder en los demás aspectos. Que se deben investigar los hechos sí, que se debe atender a los menores, también. Pero más importante, desde mi punto de vista, es que los padres se formen para que aprendan a orientar la conducta sexual de sus hijos desde la edad más temprana, enseñando a ser responsables de su sexualidad, de su correcto disfrute y límites, no irle gritar a las mamás de los compañeros por algo que hicieron sus hijos o pensar que, por fuerza, otro les ordenó tener relaciones sexuales y grabarlo, que también podría ser y, si es así, deberá salir en la investigación que se hace, pero no hay que perder de vista el problema de origen: cómo están encauzando la sexualidad infantil de sus hijos.