Una vez más, no salen las cuentas. Unos dicen que fueron 350 mil asistentes al cierre de campaña de Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de la coalición Movimiento Progresista, otros dicen que fueron un millón 400 mil, algunos tuiteros promueven #TodoMexicoEnElZocaloConAMLO, yo sólo diré que fueron muchos y no podría precisar una cifra porque no pude contarlos. Pero era de esperarse, el Distrito Federal es su casa -además de Tabasco- y grave hubiera sido que no llenara el Zócalo capitalino.

Caminando a contracorriente

Trabajo en Donceles. Por política de la empresa, el edificio se cierra temprano cuando hay eventos masivos en el Zócalo de la capital. Salí con lap al hombro y decidí darme una vuelta por el Zócalo. Eran las tres de la tarde y la plancha ya estaba llena en, al menos, una cuarta parte. Hice el recorrido de la marcha a la inversa: del Zócalo al Ángel de la Independencia -por donde vivo-. Fue un ejercicio interesante. En todo el trayecto había simpatizantes que acudían al evento. Era un flujo continuo de playeras amarillas y banderines, acompañados por "¡Es un honor votar por Obrador!" y "¡Presidente!".

Vi de todo, desde indígenas hasta un gran contingente del Sindicato Mexicano de Electricistas. Imaginé como sería un vis a vis entre ellos y el SNTE -Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación-. Me llamaban la atención las "personas bien" que portaban playeras del candidato presidencial y caminaban a la par de "la prole", juntos, pero no revueltos. Muchos jóvenes, particularmente de la UNAM y la UAM. Sus porras eran más variadas y el ambiente mucho más festivo.

Sí, era una fiesta, una fiesta enorme que iba desde el Zócalo hasta El Ángel -o al revés-. Llegué al punto de salida a las cuatro de la tarde. La gente seguía llegando y gritando. Haciendo carteles y comiendo tacos de canasta a 7 por diez pesos. Quise quedarme y emprender el camino de regreso, pero a esas alturas la lap ya no era simpática y no me pensaba meter entre nosecuantosmil con mi principal instrumento de trabajo.

"No voy a traicionar al pueblo de México"

Cuando me decidí a ir, era demasiado tarde. Ni siquiera podría llegar al Zócalo capitalino y verlo desde las pantallas de Bellas Artes era a lo más que podía aspirar. Me quedé en casa a seguir los comentarios vía redes sociales y medios de comunicación.

Andrés Manuel López Obrador hizo el recorrido planeado, excepto que en Bellas Artes abordó el metro para llegar al Zócalo. El discurso duró una hora y ha sido la única vez que leyó en toda su campaña, dicen. Hizo una recapitulación de sus propuestas y arengó a la multitud para que saliera a votar y a vigilar la elección. Lo acompañó su esposa, Beatriz Gutiérrez, así como el candidato de la izquierda para el Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, además de todos a quienes ha nombrado como integrantes de su "futuro gabinete".

Algunas de las cosas más importantes que expresó, para mi gusto:

Con el apoyo de los ciudadanos de todo el país terminamos bien esta etapa por la transformación de México. Propios y extraños han reconocido que la nuestra fue la mejor campaña, recorrimos todo el país y dimos a conocer este proyecto de nación.
No les voy a fallar, no voy a traicionar al pueblo de México, soy muy consciente de mi responsabilidad histórica, no es sólo un asunto, esto tiene mucho que ver con los afectos, sería una canallada, fallarles, traicionarle, eso no lo voy a hacer nunca.
Vamos a serenar al país, no enfrentaremos violencia con violencia, la paz es fruto de la justicia. Mi compromiso es que ya no habrá guerra, no queremos que siga habiendo más muertes, que se respeten los derechos humanos y que se atienda a deudos y a familiares de víctimas. Que podamos dejar atrás la tragedia y el dolor que produce el flagelo de la violencia.
No me voy a divorciar del pueblo.
Vamos a ganar la Presidencia. A nuestros adversarios no les funcionó su estrategia, fracasó el intento de imponer a Peña mediante la mercadotecnia y la publicidad. Pensaban que sería pan comido. Pensaron que iba a ser un día de campo, un mero trámite sentar a Peña en la silla. Pero la realidad es otra, la gente quiere un cambio verdadero y no lo podrán impedir con la compra de conciencia y de votos.
Voy a gobernar para todos, el cambio es que ya no haya un gobierno sectario, para un uno por ciento. Lo nuestro será distinto, gobernaré para pobres y ricos, para simpatizantes y adversarios que serán respetados por un gobierno democrático. No habrá persecuciones ni destierro. No buscamos rencores, sino justicia. Queremos el renacimiento moral de México. Lo digo de manera sincera, quiero inaugurar una nueva etapa del país, no subordinado a nadie.
Ellos -los jóvenes- están dando un gran ejemplo. Han dicho ‘no’ a la simulación, a la mentira, al engaño. Han despertado a muchos ciudadanos, y así lo he constatado en todo el país, al grado que en nuestros días, en estos tiempos, ser joven es un gran orgullo.
Nuestra última encuesta, no es de las que se mandan a hacer por encargo que son parte de la propaganda, nuestra última encuesta el pasado fin de semana nos registra que estamos arriba.
Siempre he creído que nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes. Aquí, entre otros aspectos, está la diferencia, entre lo que representa el candidato del PRI y lo que nosotros significamos. Él, ni siquiera trató el tema durante su campaña, nunca se comprometió a combatir la corrupción.
Vamos a garantizar la libertad de expresión y de manifestación. No habrá censura, nadie va a ser perseguido por su manera de pensar. Vamos a garantizar plenamente el derecho a disentir. Pero al mismo tiempo, vamos a hacer valer el derecho a la información.

Estas frases fueron parte de su discurso de cierre de campaña. Desde la primera vez que asistí a un evento de López Obrador -hace muchos años- noté esa forma particular de manejar un discurso que enciende a las multitudes, al menos a cierto tipo de multitudes. Lo dicho no es novedad, digamos que supo articular sus principales ejes temáticos de campaña.

Siempre me llama la atención lo que dicen de las encuestas. No sé de dónde sacó la suya, pero las últimas mediciones de la campaña, emitidas por Grupo Reforma, Excélsior/BGC, El Universal/Buendía y Laredo y Milenio/GEA ISA, le otorgaron una desventaja de los 10 a los 18.6 puntos debajo de Peña Nieto.

¿Qué nos depara la historia?

Como hace seis años, Andrés Manuel López Obrador hizo su cierre de campaña en el Zócalo capitalino, como hace seis años, lo abarrotó. Como hace seis años, trae la propuesta del "proyecto alternativo de nación". ¿La segunda será la vencida? Después de todo, la izquierda tiene otro candidato acostumbrado a contender y a perder -por fraude o lo que sea-. El panorama no me resulta tan prometedor.

López Obrador se comprometió a firmar el pacto de civilidad propuesto por el IFE y si no lo firma él, lo firmará su coordinador de campaña, Ricardo Monreal, o Jaime Cárdenas. También ha dicho que al contar con representación en todas las casillas electorales del país en los comicios del 1 de julio, no va a ser posible un fraude electoral y en las urnas se habrá de decidir la democracia.

Ciertamente, las condiciones son muy distintas a las de hace seis años, pero eso no es garantía de triunfo. Veo al asunto muy complicado, una elección cerrada y con una tendencia más favorable para el tricolor. Mi compañero Marco les compartió porque sí votaría o no votaría por cada candidato. Sinceramente, hay muchas cosas de la propuesta de López Obrador con las que no estoy de acuerdo; sin embargo, tengo esperanza, mi sangre es roja y mi corazón está a la izquierda.

Imagen: CNN

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