Mañana se termina esta locura llamada "campaña", pero ni modo que se acabe sin que los egos inflados de los tuiteros "célebres" den sus últimos toques al asunto. El día de ayer, Jorge Avilés, mejor conocido como @callodehacha, "reveló" una lista de "tuiteros vendidos", usando el recurso de un falso retweet a nombre de Anonymous. La respuesta de Anonymous no rebasó los cuatro tweets, dos para advertir que una cuenta falsa -que los embarraba- estaba difundiendo información no verificada y dos para hacer alusión a quienes llevaron a cabo "la broma". Dieron por zanjado el asunto y siguieron ocupados en sus temas. Pero las cosas no podían quedarse así, hubo una réplica titulada "la lista real de twitteros vendidos" al PRI, en la cual figuraba el autor del primer golpe: @callodehacha.

Si no estás familiarizado con la dinámica en Twitter, te comento que son como capillas, cada una tiene su deidad en torno a la cual surgen fieles. Las luchas por los reflectores siempre están en el orden del día. La cuestión política sólo hizo más visible la situación. Así, @callodehacha pone en su lista de tuiteros vendidos a @chumeltorres, mientras que en la réplica aparece él, junto con otros viejos conocidos, como @Enrique_Aquino, uno de los ectivista más reportados del partido tricolor.

Es curioso que en la lista de @callodehacha el PRI no figura como "comprador" de tuiteros y digo que es curioso porque el asunto de los peñabots ha dado mucho de qué hablar en los últimos meses. En la escueta respuesta de Anonymous, enlazan a una nota de La Jornada en la que un joven relata cómo es su trabajo de peñabot, narración que me ha tocado escuchar de viva voz de amigos cuyos nombres -o nicks- no diré y que, ojo, no es recurso exclusivo del Revolucionario Institucional.

Entre las respuestas a la lista de "tuiteros vendidos" destacan las que señalan que Jorge Avilés compró el dominio tuiterosvendidos.com, con su respectiva página de Facebook, para que les quede claro que Avilés es @callodehacha. También circuló un documento que lo señala dentro de las cuentas de opinión que una empresa enfocada al manejo de impacto en redes sociales y a la publicidad en internet. Es decir, no se trata de un tuitero cualquiera, sino de un sujeto que sabe de qué va el asunto y vive de eso.

La reflexión que me interesa dejar aquí, más allá de los chismes de lavadero 2.0, es la riquísima veta que las redes sociales están explotando. Conozco a más de uno que se dedica a eso. Claro, no es lo mismo llevar la cuenta oficial de inserte aquí la empresa de su preferencia, que trabajar para un partido político en campaña. ¿Por qué no? Retomo aquí los comentarios sobre el punto de nuestro compañero Pepe Flores:

Con la manipulación de TT, se viene la conspiración. ¿Cómo podemos saber que un tema responde a la discusión de los usuarios? ¿Cómo sabemos que no fue implantado por una horda de personas pagadas por subir un término? ¿Qué nos da la certeza de que fue generado desde el intercambio de ideas y no porque responde a los intereses de tal o cual candidato?
Las preguntas suenan como un ataque paranóico, pero retratan el clima de incertidumbre de los usuarios. A menudo me topo con acusaciones sin más fundamento que la sospecha sobre si tal o cual TT es responsabilidad de tal o cual partido. Twitter se ha convertido en la fábrica de cortinas de humo, donde un tema sirve para distraer de otro. Cualquier comportamiento es cuestionado: que si el partido de fútbol oculta las críticas a un candidato, que si el ataque a ese político fue sembrado por el otro. La experiencia es viciada y sobrevive el ruido.

Básicamente estamos hablando de credibilidad. ¿Tú le crees a los políticos? -Yo no- ¿Tú le crees al montón de bots del color que sean? -Yo tampoco-. Si a tal o cual tuitero le paga el partido equis o ye por escribir cosas a favor de su instituto o en contra de los otros me tiene sin cuidado. Cada quien sabe cómo corretear el bistec. Lo que me genera incomodidad es que los partidos políticos mantengan el recurso de la mentira y la manipulación para darse a conocer o para posicionarse. ¿Así es como piensan gobernar? ¿Pagando a terceros para que hablen bien de ellos y para que desacrediten a sus contrincantes? Supongo que al final siempre ha sido así, pagan inserciones en prensa, anuncios en radio, ahora sólo cambian los emisarios y la forma de transmitir el mensaje. Supongo que los mexicanos -incluso los tuiteros que tanto se jactan de informados y críticos- seguimos siendo impresionables.

Espero que no se les olvide que la cantidad de usuarios de internet en nuestro país sólo es la tercera parte de la población -aproximadamente- y que muchos de los que votarán ni siquiera saben qué o quién es Twitter. Y lo digo para todos: para los partidos y para quienes hacen de la red social su trinchera para la revolución.