Como muchos ya lo sabemos, después de las cerradas elecciones de 2006 --y el alboroto que armó Andrés Manuel en aquél año--; la necesidad de dar mayor certeza al ganador obligó a que se modificara la ley y se permitiera hacer un recuento parcial de los votos. Este recuento se hace solo en los siguientes casos:

  • Cuando hay errores o inconsistencias en las actas
  • Cuando el número de votos nulos sea mayor a la diferencia entre el primer y segundo lugar.
  • Cuando la diferencia entre el primer y segundo lugar es menor al uno por ciento.
  • Cuando todos los votos sean a favor de un solo partido político.

A pesar de que este recuento puede dar certeza al ganador, solo es un parche en nuestra democracia y demuestra que nuestros políticos no confían en nosotros. De ganas, los partidos políticos nos arrebataban al Instituto Federal Electoral (IFE), ellos organizaban directamente las elecciones y elegían a los funcionarios que ellos quisieran. ¿Por qué? Voy a tratar de explicar mi punto de vista.

Los funcionarios de casilla se equivocan. Muchos no tienen experiencia en asuntos políticos y se intimidan fácilmente si llega un representante gritón a exigir que se firme y selle cada una de las boletas. Quien haya sido representante de casilla seguramente sabe lo fácil que es que una casilla salga con inconsistencias; esas mismas que los perdedores acusan de fraude --y te meten en el mismo costal que el resto de los corruptos--.

Para ejemplificar esto, vamos a hacer un pequeño análisis a una casilla escogida al azar. Tocó la casilla 0243 de Manzanillo, Colima. En la casilla Contigua 1 registran una participación de más del 100 por ciento. También se registran sin datos en la votación de varios partidos políticos. ¿qué paso? ¿fraude? Revisando el acta de esa casilla, se de ve claramente que los funcionarios no supieron hacer el llenado correctamente.

Tratando de deducir lo que hicieron los funcionarios, simplemente apartaron los votos por candidatos; no por partidos --primer error--. También se ve que la votación total la escribieron más de una vez. Es decir, los votos de Enrique Peña los pusieron tanto en el PRI como en la coalisión PRI-Verde; al igual que los votos de Andrés Manuel aparecen en el PRD y en la coalisión PRD-PT-Movimiento Ciudadano --segundo error--. Al hacer el conteo, se suman 200 votos de más --tercer error--; por lo que de esta manera se consolida "el fraude" en esta casilla.

Es de esperarse que haya errores de este tipo en un gran porcentaje de casillas en el país. Casos como el ejemplo hay miles. Se elije a gente común y corriente para ser funcionario. Puede ser un albañil, un campesino, un ganadero, un taxista o un universitario. Ahora, con las confusiones que existen al depositar los votos en casillas contiguas y los ciudadanos que les gusto tanto el acta que decidieron llevársela, el número de "fraudes" aumentará drásticamente.

El voto por voto viene a maquillar un poco esto. Se hace un recuento en aquellas casillas en las que la ley lo permite, pero ahora por "gente preparada" y bajo la observación del consejero distrital. De esta manera, se despejan dudas, se da mayor certeza al ganador, pero se pasa por encima de los ciudadanos que participaron voluntariamente --y sin recibir ningún pago-- como funcionario de casilla.

Es necesario hacer reformas en este sentido. Una reforma que permita implementar un nuevo sistema de conteo donde sean los ciudadanos quienes sigan teniendo la última palabra de lo que pasó en esa casilla; pero que a la vez de mayor confianza a los candidatos de que se hizo un buen trabajo y con un porcentaje de error casi despreciable. Eso, o terminar de entregarles uno de los únicos organismos que tenemos los ciudadanos.

Andrés Manuel ha pedido un conteo del 100 por ciento de las urnas. Peña lo ha aceptado en caso de que el TEPJF lo pida. No tienen confianza ni de las casillas que cumplieron cabalmente con los números. De las que ni tienen inconsistencias. De las que sus mismos representantes ya estuvieron de acuerdo en que todo estaba en orden. Pero de eso nadie se queja.

Voto: La voz de Michoacán