Dijo el economista Lionel Robbins que "en guerra total hay un único objetivo de la política, alcanzar la victoria absoluta", esto después de la Segunda Guerra Mundial, época de invasiones extranjeras en Europa. Robbins intentaba explicar que las sociedades no puede ser alineadas a un fin en común más que en esas épocas difíciles.

Lo mismo sucede hoy en nuestro país y en muchos otros. Sabemos que el fin de una sociedad y su forma de organizarse es el bien común, pero nos enfrentamos a dos problemas: el egoísmo de muchos de los que se encuentran en el poder, y que la idea de bien común es tan abstracto que, al aterrizarlo en algo concreto, hay diferencias grandes.

Es una historia que se ha dado, se sigue dando y se dará hasta que aprendamos a dialogar.

YoSoy132

Desde el principio se supo que Peña Nieto evitaría durante la campaña ambientes hostiles. Las universidades eran el mayor peligro y así lo vimos cuando llegó a la única que visitaría: la Universidad Iberoamericana.

Los reclamos eran de esperarse, el repudio de muchos hacia Peña Nieto era bien conocido y los estudiantes no dudaron en mostrarlo frente a él. Probablemente la situación no hubiera escalado al surgimiento de un movimiento de no ser por cómo el PRI manejó la situación, tachándolos de infiltrados, de no ser auténticos universitarios. Estas declaraciones le valieron al presidente del partido, Joaquín Coldwell, una muy buen sacudida por parte de un estudiante y un video de 131 jóvenes que encendería la esperanza en la juventud. Fue en ese momento cuando nació #YoSoy132 y los jóvenes se identificaron con un ideal.

Las protestas iniciaron. ¿La demanda? Que los medios de comunicación reportaran los hechos de manera imparcial, que dijeran cómo los jóvenes le reprocharon a un candidato presidencial y que no lo protegieran. Marcharon de la Ibero a Televisa Santa Fe y del ITAM a las instalaciones de San Àngel.

Pero fue la primera convocatoria a reunirse bajo la Estela de Luz el catalizador para las células que cada universidad había formado. Una reunión que se convirtió en marcha y que dejó en claro que jóvenes de universidades públicas y privadas podían reunirse bajo un mismo objetivo.

Poco a poco el movimiento comenzaba a tomar forma y los objetivos se empezaban a unificar. La idea central era clara: no se quería a Peña como presidente y se buscaba la democratización de los medios. La agenda puntual se discutiría en una Asamblea General en la UNAM.

Finalmente el movimiento se declaró anti Peña Nieto y antineoliberal. En su momento opiné que este era un error pues de ganar el candidato del PRI, los ideales que defendía el movimiento habrían sufrido una gran derrota.

Otro de los grandes logros del movimiento fue la organización del #Debate132 al que se presentaron tres de los cuatro candidatos a la presidencia. Se sentaron en un ambiente neutral y respondieron temas surgidos de la sociedad civil. ¿Cuándo se había visto esto? Nunca, y es algo que se les debe agradecer porque marcó historia.

Y así llegó el día de la elección en la que se confirmó en las urnas el resultado que muchos no queríamos: Enrique Peña Nieto se perfilaba para ser el próximo presidente de la República.

Y aunque Enrique no ha sido declarado el ganador oficial, todo parece indicar que así será y las opciones del movimiento se redujeron a una gracias a su esencia anti Peña: desconocerlo.

Y es, a mi parecer, que este es el momento en que el movimiento comenzó a perder rumbo. La agenda que se había trazado; los ideales de democratizar los medios, de tomar en cuenta a la ciudadanía, de cambiar el modelo económico, se quedaró atrás para enfocarse por los próximos meses en una cosa: impedir que Peña Nieto se convierta en Presidente. Quizá sólo una propuesta continúa dentro de la línea original del movimiento, el contrainforme de gobierno.

Desafortunadamente sus acciones los han llevado a caer en el juego de los políticos donde todo es blanco o negro, izquierda o derecha, gano yo o desconozco.

¿Qué pasos debería tomar el movimiento para continuar aprovechando la coyuntura sin caer en un discurso de polarización que no abonará en nada al debate público? Hace unos días Genaro Lozano publicó una columna con varios puntos que comparto:

  • Internacionalizar el movimiento.
  • Aceptar que Peña Nieto será Presidente y regresar a la agenda de políticas que impulsaban, dejando de lado desconocer la elección.
  • Menos horizontalidad, que surjan liderazgos.
  • No intentar evitar la toma de posesión sino realizar un acto que recuerde el contexto en el que se da.
  • Empezar a pensar en las nuevas generaciones universitarias.
  • "Finalmente, si nada de lo anterior hace sentido, tal vez es momento de que los integrantes más moderados del movimiento se separen del #Yosoy132 y formen algo completamente distinto".

Pero quienes se separen y formen ese "algo completamente distinto" se deben alejar de las posturas radicales. Deberán armar una agenda con temas que urge atender en el país, llevar propuestas concretas, pero también deberán entender que sus ideas no deberán ser presentadas y exigir su aplicación, no deben cerrarse a su visión particular del país.

Deberán moderarse y flexibilizar su postura mediante la interlocución con el próximo gobierno, con la oposición, con la sociedad civil y con el propio #YoSoy132 del cual surgieron. Se deberá tratar de un grupo que tienda puentes, que dialogue y fomente la discusión sana entre diversos grupos. Ya se vio que es posible con la organización del debate, es cuestión de hacerlo de manera periódica. ¿De dónde creo que puede surgir este grupo? ¿Quienes son estos "integrantes más moderados"? Los que lo iniciaron: los alumnos de la Ibero y del ITAM.

Imagen: Flickr de Gabriel Rendón