El Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP) -a cuya ronda de negociaciones ingresará México en un par de semanas- ha sido muy criticado desde diferentes aristas. Hemos hablado sobre la opacidad con la que se negocia, sus implicaciones sobre Internet y propiedad intelectual, y el problema que plantea en acceso a medicinas. Bien, añadamos algo más a esta ecuación: ¿qué dice sobre las empresas controladas por el Estado, como Pemex?

A inicios de septiembre, un grupo de analistas del Congreso de Estados Unidos presentó un estudio sobre los alcances de TPP. Al referirse a México, hicieron una observación que debería interesarnos:

Las negociaciones de TPP pueden proveer un lugar para hablar sobre cuestiones adicionales, como la reconsideración de la exclusión de México en inversiones extranjeras en su industria petrolera.

Páginas más adelante, habla sobre las empresas controladas por el Estado. El análisis los define como "negocios directa o indirectamente adueñados o influenciados por un gobierno." Es decir, compañías que reciben apoyo gubernamental como subsidios, créditos de bajo costo u otras ventajas para competir contra la iniciativa privada. Pues a TPP (y en especial, a Estados Unidos) no les gustan:

Aunque algunos grupos, oficiales de gobierno y grupos de trabajo han expresado un interés en fortalecer previsiones sobre las SOE [empresas controladas por el Estado] en TPP, no está claro que qué forma tomarán dichas previsiones. Tales medidas pueden incluir previsiones que busquen asegurar que las SOE operen en una base comercial, y que aborden potenciales barreras de comercio e inversión (…) La neutralidad competitiva, una concepto apoyado tanto por el gobierno de EE.UU como por los grupos empresariales, refiere a un ambiente en el que las SOE no reciban ventajas competitivas más allá de las que disfrutan las compañías del sector privado.

La justificación de TPP está en la industria de Malasia y Vietnam, con un alto porcentaje de empresas de este tipo. Sin embargo, como se vio en el apunte anterior, es un excelente pretexto para abordar el caso petrolero en México. Pemex no sólo está enteramente financiada por el Estado; también tiene el monopolio del sector. Hasta ahora, la postura federal ha sido mantener a la paraestatal sin la intervención de capital privado, ni nacional ni internacional.

El tema cobra relevancia por al menos dos factores: primero, que la entrada de México a la ronda de negociaciones de TPP es casi inminente. Secretaría de Economía presentó su informe sobre el acuerdo al Senado este 17 de septiembre; un documento con numerosas omisiones. Bien, este viernes, algún funcionario mexicano está en una audiencia de la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos. Es decir, Economía entregó su reporte cuatro días antes de la cita. ¿Tuvo tiempo suficiente el Senado para siquiera abordar el tema? Claro que no.

Segundo, que Enrique Peña Nieto ya ha expresado su interés en que México reciba inyecciones de capital privado. En su visita a Brasil, tomó como ejemplo a Petrobras para ilustrar su plan con Pemex. ¿Qué ocurrió en ese país? Hasta 1997, Petrobras mantenía el monopolio legal del petróleo. A partir de ese año, comenzó a competir con otras empresas del sector, nacionales e internacionales. Desde esa fecha, ha recibido inversión de capital privado (mayormente extranjero) para financiar parcialmente sus operaciones y planes de excavación profunda. Las empresas privadas tienen acciones de Petrobras, mientras que el Estado retiene la mayoría.

La cuestión es cómo afectaría el ingreso de México a TPP en esta situación. De acuerdo con el análisis, las empresas controladas por el Estado no deberían recibir más ventajas competitivas. ¿Qué significa? Primero, se abre la puerta a que Pemex pierda el monopolio legal del petróleo, permitiendo que otras empresas participaran en esta industria. Segundo, que Pemex no dejaría de ser del Estado, pero al tener capital privado, competiría con reglas impuestas por terceros.

En un ejemplo muy burdo, supongamos que otra empresa entra a competir en la gasolina, uno de los bienes más subsidiados por el gobierno. Ya que a ojos de TPP, el subsidio se consideraría como una afectación de la "neutralidad competitiva", estaría violando el acuerdo al mantenerlo. Se traduce en que el Estado pierda control sobre los precios (y por ende, de su mercado), aunque retenga el de la empresa.

La situación es todavía más grave cuando se sabe que México prácticamente carece de poder de decisión en TPP. Las cláusulas que acepta al ingresar es que no puede reabrir capítulos ya cerrados por los miembros originales (y al no conocer el documento, no sabemos si esta parte ya se negoció o no). Tampoco puede vetar un capítulo si este bloque de países está de acuerdo en implementado. México entraría prácticamente a ciegas a un acuerdo que, de concretarse el plan de Peña Nieto sobre Pemex, podría tener consecuencias impredecibles en la economía nacional.

Pepe Flores

26. Blogger de ALT1040. Coordinador de Vivir México. Hipertextual desde 2009. Escribo sobre cultura pop, medios, política, derechos humanos, propiedad intelectual y diversidad sexual. Fundador de Elocuencia 8080 y Sexenio. Autor de "La nueva cara de Puebla" (Endeavor & UDLAP, 2011). Editor en Polaris Group. Más artículos del autor »