A pesar de las críticas recibidas y la pérdida de parte de su credibilidad ante un sector que la población, el movimiento #YoSoy132 continúa trabajando y ha formado un grupo de trabajo con el fin construir una plataforma que delimite lo que buscan en su eje principal: la democratización de los medios

Ayer presentaron un documento que expone su análisis y sus ideales.

Ocupa Televisa

En su exposición de motivos el #YoSoy132 pinta un mercado de telecomunicaciones que ha superado al Estado mexicano como poder fáctico en el que, dejándolo un poco a la libre interpretación, parecería tener la misma influencia sobre el gobierno que el narcotráfico. Incluso menciona una "rendición del Estado" ante el monopolio mediático.

Aunque no podemos desechar todo su análisis, tienen razón en que muchas veces algunos medios "han manipulado y sesgado la información para construir una realidad parcial que no refleja las distintas situaciones que se viven en el país"

¿Cuáles son las bases para el desarrollo del grupo de trabajo? Las principales ideas tomadas en cuenta son:

  • La libertad de expresión es un valor esencial de la democracia
  • Se debe permitir la participación equilibrada de las distintas voces que aspiren a dar información veraz
  • Difundir la cultura, los valores de la democracia y el respeto a los derechos humanos, fomentando la participación de la sociedad
  • El acceso y uso de las tecnologías de la información son una condición de la libertad
  • Es urgente una regulación plural y ciudadana de la radio y la televisión

Ahora, durante algún tiempo critiqué la falta de definición en torno a qué se referían con la “democratización de los medios”. Finalmente tenemos una respuesta; de acuerdo al documento esto implica:

Generar los mecanismos para lograr pluralidad en la búsqueda, producción y reproducción de contenidos en un espectro comunicativo donde conviven lo privado-comercial, lo público y lo social-comunitario. Con la democratización, se incrementa el número de voces, de posturas, de debates e incluso de programación de entretenimiento, tan importantes para la construcción de la realidad y de la ciudadanía.

En principio suena bien la idea de democtratización que tienen, sin embargo, el principal “pero” que le veo es que, hasta cierto punto, intentan subordinar el ejercicio mediático a lo que la sociedad pida, lo cual es algo muy difícil de definir. ¿Qué es lo que beneficia a la sociedad? Es en este punto en el que pareciera que el movimiento se erige como sumo defensor de los intereses del pueblo para definir lo que le conviene y todo aquel que no se alinie a esos ideales está mal o es un tirano. A fin de cuentas, parecen convertirse en un monopolio de los intereses del país, el mismo tipo de monopolio que intentan combatir.

Para llegar a la transformación que tanto desean, proponen seis ejes:

  1. Establecer un modelo en el que se reconozca el ejercicio de la comunicación a entidades estatales, comerciales y ciudadanas no lucrativas.
  2. Las telecomunicaciones y la radiodifusión deben reconocerse como servicio público.
  3. La obligación del Estado de garantizar las condiciones para el ejercicio de la libertad de expresión.
  4. El Estado deberá favorecer presupuestal y jurídicamente que los proyectos autónomos locales y comunitarios.
  5. Adecuar la legislación nacional a los estándares internacionales en materia de medios de comunicación.
  6. Alfabetización mediática con miras a eliminar la brecha cognitiva a la par de la digital.

Sus ideas son muy buenas, sinceramente. Qué mejor que mayor participación que otorgue otras alternativas a los consumidores de los medios nacionales y que de alguna manera presionen a los medios existentes a ofrecer productos de mejor calidad. El principal problema es que no sabemos cómo se hará.

Se necesita infraestructura para lo que proponen, que alguien monte más radiodifusoras y televisoras que los ciudadanos que se animen puedan operarlas. El problema es que las barreras de entrada al mercado mediático no son sólo por parte de un Estado que debe concesionar parte del espectro, sino que también se dan debido a la inversión que se requiere y definitivamente el gobierno no puede ni debe subsidiar la operación de todos los que quieran participar pero no tengan los recursos.

Como bien dice Gabriela Warkentin en un tuit:

Y sí, al final lo que el documento que presenta el movimiento poco tiene que ver con construir un nuevo panorama de medios mexicanos, sino más con la destrucción de lo que unos pocos tienen para construir lo que otros anhelan. Ellos están bien, los demás están mal y en el proceso, lo demás no importa.

Imagen: Agujero de la memoria

Marco Antonio Gómez Lovera

Economista por la Universidad Panamericana. Trabajé en el INEGI donde obtuve experiencia en el análisis y monitoreo de los principales indicadores de la economía mexicana. Actualmente me dedico al periodismo económico. Más artículos del autor »