Hay tradiciones mexicanas que no se pierden, como la represión gubernamental a movimientos pacíficos. Con pretexto de los festejos patrios en el Zócalo de la capital de Puebla, miembros de la Policía Municipal desalojaron una acampada de #YoSoy132 en la madrugada del sábado. El saldo es de 63 detenidos y dos heridos, bajo el argumento de alteración del orden público.

La acampada forma parte de las decenas de protestas que se realizarán esta noche en respuesta a la validación del triunfo de Enrique Peña Nieto en la elección presidencial. La manifestación inició la tarde del jueves; y desde el inicio estuvo muy vigilada por elementos de seguridad del ayuntamiento.

La noche del viernes comenzaron a registrarse apagones en el Zócalo, presuntamente ocasionados por las pruebas de iluminación para el festejo del sábado. En uno de esos cortes en energía, cerca de las tres de la mañana, las autoridades aprovecharon para aprehender a los asistentes de la acampada, remitiéndolos al Ministerio Público. La acción fue descrita como violenta por los miembros del movimiento.

¿Qué pasará? Me temo que se quedará en una acción sin mayor respuesta ciudadana. Hace un año estuve en Madrid durante las acampadas de los miembros del 15M. Un día, la policía hizo un desalojo por la futura visita del papa Benedicto XVI en las Jornadas Mundiales de la Juventud. La respuesta de la gente fue tomar las calles durante varios días.

¿Sucederá algo similar en Puebla? Lo dudo. Hay un par de factores que contribuyen: por un lado, el descenso en las simpatías populares que tiene el movimiento #YoSoy132; y en segundo lugar, la aparente justificación al desalojo so pretexto de salvaguardar los festejos. ¿Vale una celebración que se reprima el derecho de manifestación de unos cuantos?

Me da pena que el ayuntamiento poblano actúe de esta forma, pero me avergonzaría más que se desestime (y hasta justifique) esta acción policial sólo por una cuestión de imagen. ¿Importaba tanto que un grupo expresara su descontento entre los vítores y los aplausos? En serio, ¿es tanto el horror ciudadano a la incomodidad en la verbena que se permita este atropello? Porque si la autoridad se siente con el poder de disuadir una manifestación pacífica con la fuerza pública, es porque la sociedad lo permite.