Yo nunca estaré dispuesto a celebrar algún tipo de asesinato o muerte. En Internet y las redes sociales, muchas personas celebraron la muerte de José Eduardo Moreira diciendo que a los priístas corruptos ya les tocaba y se había hecho justicia. Un asesinato como sea es lamentable, y a pesar de lo que le ha hecho Humberto Moreira al Estado de Coahuila, se entiende el dolor que está sufriendo por la muerte de su hijo. Por otro lado tampoco deberíamos maximizarlo. Lamentar de más lo sucedido nos obligaría moralmente a lamentar de igual manera todas las puertes que ocurren en nuestro país. De hecho lo que nos debe de llevar a la reflexión es el hecho de que en México hay más justicia para unos, que para otros.

Más justicia para unos. El caso del asesinato de Moreira

Seguramente los cuerpos de seguridad se encargarán de indagar todo lo que ha ocurrido y buscar culpables. Y no es que esté mal, sino que pareciera ser que los políticos con influencia tienen preferencia sobre el ciudadano común. Lydia Cacho en su columna semanal reflexiona sobre este tema, dice que si el hijo de Moreira hubiera sido un ciudadano común, su padre no hubiera recibido la llamada de Poiré quien se comprometió con el caso, el Secretario de Gobernación. Que si su hijo hubiera sido un ciudadano común no se hubieran reunido en menos de seis horas los mandamases de la seguridad en México. Los políticos y gente de poder, como Humberto Moreira, quien si fuera un ciudadano común ni siquiera estaría libre para contarlo, tienen preferencias sobre los ciudadanos de a pie sin importar su reputación o su mala gestión.

Humberto Moreira tácitamente arremetió contra la guerra de Calderón, y advirtió que no se va a quedar cruzado de brazos. Seguramente el ex Gobernador de Coahuila moverá sus influencias (qué mexicano no hace eso de acuerdo a sus capacidades) para dar con los culpables. La situación aquí es que si la justicia existiera, bajo el mismo talante las autoridades deberían de castigarlo por la millonaria deuda que dejó en Coahuila:

Mi hijo es un muerto más de esta guerra, unos desgraciados le dieron dos balazos en la cabeza.

Hay varias teorías en torno a este asesinato. Se tantea la posibilidad de una traición y que el traidor pudo haber sido un amigo de su hijo. Pero el asesinato del hijo de quien fuera presidente del PRI, quien recibió dos tiros en la cabeza cerca de Ciudad Acuña, debe de preocupar, porque nos habla de la cercanía que hay entre los políticos y los criminales. Naturalmente al cambiar de gobierno, las piezas se mueven y dentro de ese reacomodo, hay asesinatos y ajustes de cuentas. Pero esto sucede casi siempre con los miembros del partido que ahora va a gobernar, y posiblemente este tipo de relaciones podría provocar que reine el caos en nuestro país.

Se puede pedir justicia en el caso de Humberto Moreira, pero de igual forma entonces deberíamos esperar justicia para todos aquellos asesinatos que se viven día a día en el país. Es preocupante que en un país ni siquiera la gente de poder tenga la capacidad de protegerse a ella misma, porque así menos podrán garantizar un clima de tranquilidad a sus gobernados.

Imagen:Teléfono Rojo