“¿Qué habrán hecho algunos pobres sures para merecer ciertos nortes?” Esta era la pregunta que hacían Joaquín Lavado y Mafalda hace algunas décadas en el proyecto de una portada para el disco de Serrat “El sur también existe”. Al escuchar esta frase, nuestra mente inmediatamente se posa sobre la relación México – Estados Unidos. Después de todo, siempre decimos: “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Sin embargo hay otra relación norte-sur que debería llamar nuestra atención: la de México y Centroamérica. Ése es el “pobre sur” al que me refiero ahora.

A los mexicanos nos cuesta trabajo ver hacia el sur de nuestro territorio. Y realmente, ¿alguien puede culparnos? La relación con Estados Unidos ya consume todo nuestro tiempo y energía. Y ni qué decir de nuestra frontera norte, tan conflictiva y descuidada, la pobre. Pero esta falta de atención se ve directamente reflejada en la situación de seguridad que se vive en la zona fronteriza México – Guatemala.

Hace dos años, el descubrimiento de una fosa en San Fernando, Tamaulipas, con los cadáveres de 72 inmigrantes centroamericanos, llamó la atención lo suficiente como para que el Senado de la República aprobara una nueva ley en el tema de migración. Y ya, ahí quedó. La política de seguridad respecto a la frontera sur del país no cambió, al menos no de manera palpable. Por nuestra frontera sur siguen entrando indocumentados y todo tipo de drogas.

De acuerdo a diversas fuentes, cada año entran por la frontera con Guatemala 400 mil migrantes centroamericanos, de los cuales sólo el 20 por ciento logra su objetivo final: llegar a los Estados Unidos. ¿Y el otro 80 por ciento? Muchos viven en la pobreza en los estados del sur de México, y muchos otros… bueno, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) calcula que 1,600 de ellos son secuestrados mensualmente por el crimen organizado para diversos fines; sólo piensen en las fosas de San Fernando.

Incluso dejando de lado el tema de la migración, la situación de la frontera sur sigue siendo delicada. Desde hace un año, se ha notado un aumento importante en la violencia relacionada con el crimen organizado en varios países centroamericanos. Cada vez nos llegan más noticas sobre las “hazañas” de los Zetas al sur de nuestra frontera. Y mientras más se endurezca la reacción militar y policial en México, estos números seguirán en aumento. El temido efecto cucaracha finalmente llevó a los narcotraficantes mexicanos a buscar refugio al sur de nuestro país.

Ahora, ¿qué podemos hacer para remediar lo mejor posible esta situación? Ya hay una iniciativa para la creación de una policía fronteriza que, al parecer, se le traspapeló a nuestros queridos congresistas. Por otro lado, el presidente electo también está explorando la idea de crear un organismo de esta naturaleza y enfocarlo al sur del país. Sin embargo, al igual que su propuesta para la creación de una gendarmería, tal parece que no tiene una idea muy clara al respecto.

Pero incluso si se lograra instaurar una policía fronteriza, o darle mayores atribuciones a un Instituto Nacional de Migración (INM) fuerte y confiable, se trata de un acercamiento bastante local a una problemática más bien regional. Lo que a México le convendría hacer, es formar un plan de acción regional con la participación de los gobiernos centroamericanos, desde Panamá hasta Guatemala y Belice. Este problema ya no sólo afecta a Estados Unidos ni a México, sino a todo el hemisferio occidental.