En los pasillos de las universidad es muy común escuchar a estudiantes entusiasmados con la posibilidad de irse de intercambio al extranjero. En ese rubro, México se ha convertido en un país exportador, en el que la cifra de alumnos que emigra es mucho más alta que los que atrae. La distancia es considerable: el número de estudiantes que van a Alemania, Brasil, Chile, Francia y España es casi cuatro veces mayor que la cantidad de inmigrantes de esos países.

Esta situación es revelada por el Reporte Patliani, realizado por investigadores de la Universidad Iberoamericana, el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), la Universidad de Arizona y la Secretaría de Educación Pública. Para obtener la información, el grupo aplicó una encuesta a 115 instituciones de educación superior (tanto públicas como privadas); así como el análisis de datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Conacyt.
¿Qué dice este reporte sobre los estudiantes nacionales? La encuesta reveló que 9,343 estudiantes se fueron a los cinco países antes mencionados, mientras que México sólo otorgó 2,408 visas para ingresos. Con quien se tiene más equilibrio en con Chile, ya que siete estudiantes chilenos vienen a México por cada 10 compatriotas que van de intercambio a dicho país. En contraste, ingresa un estudiante alemán por cada dos mexicanos que emigran, un francés por cada tres nacionales, y en el caso de Brasil y España, uno por cada seis.
Incluso con Estados Unidos, con quien siempre se ha tenido capacidad de atracción, las cifras de captación han bajado considerablemente. En el ciclo 2010-2011, México mandó 13.713 estudiantes al vecino del norte, en tanto que en el año escolar 2009-2010, había 7,157 alumnos estadounidenses en instituciones educativas de nuestro país. Es decir, prácticamente por cada dos estudiantes mexicanos en la Unión Americana, había un norteamericano cursando en suelo nacional. Sin embargo, mientras México es el noveno país que más alumnos manda a EE.UU, también ha pasado del quinto al octavo sitio en preferencia para universitarios de ese país.
Pero dejemos de lado las cifras. ¿Qué implica que México se haya convertido en un país exportador, más que en un importador? Enviar estudiantes al extranjero es importante siempre y cuando no devenga en fuga de talento, un fenómeno que se hace cada vez más común. Las condiciones actuales del país, especialmente en la situación de seguridad y empleo, no hacen muy atractivo quedarse en México si se abre la posibilidad de emigrar. Eso termina por ser perjudicial, pues la gente más especializada (y muchas veces, quienes se preparan becados con financiamiento público) terminan en otro lugar.
Del otro lado de la moneda, que México pierda su capacidad de atracción no necesariamente implica que las universidades del país estén mal, sino que la imagen internacional de inseguridad no ayuda a incentivar la inmigración académica. Concayt ha entendido bien este problema, ofreciendo becas a extranjeros para que vengan a capacitarse a México, especialmente para estudiantes e investigadores de Centroamérica y el Caribe. Un país que exporta más estudiantes de los que importa -y que aparte, es incapaz de asegurar el retorno- termina por perder fuerza en el desarrollo educativo; y por ende, en el aspecto económico a futuro.






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