Para los animales de mi especie (internacionalistas, politólogos, algunos abogados…) las elecciones son más apasionantes que un Chivas-América cualquiera, así sean en México o en el extranjero.

Además las elecciones en el extranjero ofrecen algo extra, esa oportunidad de apoyar a nuestro favorito, hacer predicciones y opinar a diestra y siniestra con la tranquilidad de que el resultado final no nos afectará directamente. Un resultado adverso en cualquier otro país se convierte automáticamente en caso de estudio; uno adverso en nuestro país es, cuando menos, trágico.

En fin, este domingo fueron las elecciones presidenciales en Venezuela. Y, ¿qué creen? Que ellos también rompieron récord de participación… Aproximadamente el 80 por ciento de los votantes venezolanos eligieron ejercer su derecho. Y las similitudes no paran ahí. Al igual que en el México de la pre-historia, ¡perdón! de los setentas… el aparato gubernamental venezolano está diseñado para lograr la reelección del presidente en turno, en este caso, Hugo Chávez. A través del sistema de Misiones Bolivarianas, una serie de programas encaminados a fomentar la cultura, popularizar el sistema de salud y reducir el índice de analfabetismo, entre otras cosas; Chávez se echó a la bolsa el voto de las clases populares.

Finalmente, hubo una gran disparidad en lo que a cobertura mediática se refiere. Gracias a los medios oficiales, el candidato a presidente y presidente en funciones (¿y actualmente presidente electo?) recibió más tiempo al aire que su oponente, así como una cobertura mucho más favorecedora.

Pero hubo una importante diferencia: la reacción del candidato opositor, Henrique Capriles Radonski, ante su derrota. Su frase “para saber ganar, hay que saber perder” resume en pocas palabras una actitud conciliadora y de respeto por los resultados y las instituciones venezolanas que ha sido alabada alrededor del mundo.

La palabra del pueblo es sagrada y nunca ha pasado por mi mente hacer algo distinto a lo que el pueblo diga. Quiero agradecerle a los más de seis millones de venezolanos que hoy me dieron su confianza. Hoy probablemente sientan tristeza, pero nosotros iniciamos la construcción de un camino. Quiero decirle a todos los que me dieron su confianza que cuentan conmigo y a los otros venezolanos que no piensan como yo, también cuentan conmigo. Soy un convencido de que este país puede estar mejor y estará mejor.

No soy quien para poner en duda las razones de Capriles para actuar de una manera tan mesurada, pero más allá del respeto a la “victoria bolivariana” y a “la palabra del pueblo” se encuentra el simple y frío cálculo político. Capriles Radonski tiene al menos dos razones para evitar la confrontación con Chávez y sus seguidores, tomen nota aspirantes a políticos:

Primero: Para cualquier persona que no viva en una cueva es evidente que Hugo Chávez no completará su mandato. Es más, algunos medios han manejado la versión de que ni siquiera sobrevivirá el año. De ser así, Capriles habrá logrado para ese entonces cierto acercamiento a Chávez, una muestra de buena voluntad hacia quienes votaron por su opositor, gesto que no pasará desapercibido por el electorado en el probable caso de que se realicen unos nuevos comicios pronto.

Y no está para nada errado, ¿no fue eso lo que hizo Marcelo Ebrard cuando perdió la carrera por la candidatura ante López Obrador? Prefirió aceptar los resultados, no alienar a quienes apoyaban a su oponente, e intentarlo de nuevo seis años después, tras haber servido casi un sexenio como Secretario de Gobernación. Claro, no contaba con que la oficina grande de Bucareli no sería para él, pero esa es otra historia.

Segundo: Gracias a su postura de reconciliación, Capriles se ha establecido como líder máximo de la oposición, uno que tiene tras de sí el respaldo de seis millones de venezolanos, equivalentes al 45 por ciento del padrón electoral, y que está trabajando por ganarse el respeto del otro 55 por ciento. Ningún otro miembro de su partido tendrá la legitimidad para reclamar la candidatura presidencial en las próximas elecciones... a diferencia de cierto ex candidato presidencial mexicano.