Hay propuestas que debido a la creencia general se pueden catalogar como políticamente incorrectas para enunciarlas en ciertas reuniones -si es que quieres mantener sanas relaciones- y especialmente para que las pronuncien políticos en campaña, pues les representan una gran pérdida de seguidores -de hecho muchos suelen señalar lo contrario para ganarse adeptos-. Una de esas propuestas es la de disminuir el subsidio a los combustibles. Algo que se supone ya se persigue con el aumento gradual que vemos cada mes en el costo de la gasolina y que tiene en descontento a muchas personas.

Pero la llamo políticamente incorrecta porque generalmente causa enojo, pero todo apunta que es algo que se debe hacer y más cuando se ven cifras como las publicadas el día de hoy. Por un lado La Jornada retoma hoy datos del INEGI donde se nota lo tantas veces señalado principalmente por organismos internacionales: el subsidio de los combustibles beneficia sólo a la población de mayores ingresos. Según la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares 2010 sólo 1 de cada 10 que pertenece al grupo de menores ingresos, destina recursos para comprar gasolina, mientras que en el grupo de mayores ingresos lo hacen 7 de cada 10 hogares.

Es más, la encuesta muestra que el 50 % de los hogares que adquieren gasolina pertenecen a los tres grupos con ingresos promedio más altos, de entre $11,186.3 a $28,734.8 mensuales; y sólo 14.3 % de los hogares que la adquieren pertenecen a los grupos con menores ingresos, de entre $1,749 y $4,251 mensuales. Más claro ni el agua: de manera indirecta, el dinero con el que subsidia el gobierno el costo de la gasolina va a parar -por así decirlo- a los bolsillos de la población con mayores ingresos.

Por el otro lado La Razón señala que hasta su cierre en agosto el subsidio de la gasolina pasaba ya los 150 mil millones de pesos de acuerdo a los datos del Reporte de Finanzas Públicas y Deuda Pública a agosto 2012. Además, señalan, esto significa que se triplicó lo aprobado por los legisladores para el subsidio de combustibles y se prevé podría alcanzar un monto similar al de 2008 que fue de 223 mil 716 millones de pesos. Viendo estas cifras no puedo evitar preguntarme ¿Cuanto mejoraría en cantidad y en calidad el transporte público de todo el país si esos montos anuales se invirtieran en ese rubro y no en el subsidio de los combustibles? ¿Cuantos metrobus se podrían poner en varias ciudades del país? ¿cuantos programas de mejora del transporte urbano, ampliación de rutas, uso de transportes alternos como bicicletas y de mejora de la vialidad hasta para peatones se podrían implementar?

Los dos principales argumentos que identifico de quienes defienden el subsidio a los combustibles es que primeramente, esto significaría un aumento en el precio de los productos y servicios, pero principalmente en el de los alimentos, lo que vendría a afectar a las personas de bajos ingresos. Pero entonces las políticas públicas deberían enfocar sus esfuerzos -y dinero- en contrarrestar estos efectos y ayudar a los sectores más vulnerables de manera directa, no queriendo tapar el hoyo incorrecto. Además, como consecuencia de esta disminución de subsidios están otros beneficios, por un lado se motiva el aumento en el consumo de productos locales -entre más cercanos serán más baratos que otros-. Por el otro se motiva también que las grandes empresas mejoren sus estrategias de distribución, haciéndolas más eficientes y sobre todo que busquen el uso de energías alternativas, provocando así la reducción de contaminantes.

El otro argumento que dan quienes apoyan el subsidio, es que de cualquier forma las personas de ingresos más bajos hacen uso del transporte público y que si suben los combustibles sube el costo de dicho transporte, pero una vez más como dije, entonces se debe enfocar los apoyos ante este problema a quienes así lo requieren realmente. No todas las personas que usan transporte público necesitan que se les apoye para pagarlo y si el uso de transporte público se hiciera más general, que fuera más práctico para las personas de todos los ingresos, menos. Además, para disminuir altos costos en el trasporte público se pueden implementar otras estrategias como por ejemplo la generación de ingresos por publicidad que hace unas semanas mencionabamos en Vivir México en el caso del Metrobus del DF. Esto, igual que la excusa anterior, también tendría su beneficio indirecto al promover que se utilicen otras alternativas de transporte o de uso de energías limpias, o hasta estrategias a nivel familiar de vivir en lugares más cercanos a las zonas de trabajo, educación y uso de servicios.

La OCDE lleva tiempo recomendándolo a través de sus estudios económicos y otros documentos:

Los subsidios a la energía son ineficientes como mecanismo para reducir la pobreza ya que gran parte es absorbida por los grupos de mayores ingresos. Asimismo, los subsidios a la energía crean incentivos para consumir más e invertir menos en eficiencia energética, reduciendo la seguridad energética y aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Y lo hace, como ven, no sólo por los beneficios económicos que esto puede traer sino por los beneficios ambientales, en el afán de que México cumpla su compromiso de disminuir los gases de efecto invernadero a través de un desarrollo sostenible:

Los subsidios a la energía fomentan un mayor consumo energético y desalientan las inversiones en eficacia energética, además de contrarrestar los esfuerzos encaminados a disminuir las emisiones de GEI. Hay una tendencia internacional a desmantelar estos subsidios.

La política mexicana de mantener constantes los precios de la gasolina en términos reales y los subsidios para el consumo energético de los hogares deberá ser revisada, puesto que beneficia principalmente a los grupos sociales más favorecidos. Se logran mayores impactos en los sectores más pobres mediante transferencias sociales directas.

Al final la gran disparidad que existe en la relación costo y precio de los combustibles, promovido por el subsidio de estos, lo único que está provocando es un aumento en el consumo y el mantenimiento de vicios muy dañinos en la población, que no permiten enfocar los esfuerzos para realmente disminuir los graves problemas de pobreza y desigualdad que padecemos. Pero mientras la idea contraria persista y siga siendo políticamente incorrecto proponerlo y apoyarlo -sobre todo por las conveniencias partidistas- estamos destinados "en el mejor de los casos" a seguir igual, pero a la larga, a seguir en el ciclo del subdesarrollo.

Foto: ismael villafranco

Ileana Fernández

Publicista de profesión; curiosa, observadora y analista por costumbre. Más artículos del autor »