Estamos rodeados de fauna. Aún en las ciudades, desconocemos una gran cantidad de habitantes insospechados que nos rodean. Estamos acostumbrados a no verlos, a pasarlos por alto. Rara vez reparamos en la paloma en el techo, en el ratón de campo en el terreno baldío, la ardilla en el parque o en el murciélago que habita la construcción abandonada. Es un pacto tácito en el que nadie se ve, nadie se mete. Sin embargo, en parajes menos afectados por la mano humana, los animales son menos retraídos. En "Tejón", el fotógrafo Adrién Sandoval nos regala una imagen de un curioso espectador que mira -con apenas un atisbo de desconfianza- la lente de la cámara mientras olfatea por comida.

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