Cuando vi el anuncio de "Sin Filtro", lo primero que pensé fue en el golpe que recibiría #YoSoy132 por la decisión de algunos de sus integrantes de participar en el programa. Como ya señalé, no condeno que cada quien busque ejercer los espacios que desee o proyectar su trayectoria pública de la forma que quiera; empero, en el caso de los pertenecientes al movimiento, resulta complicado en el imaginario separar su investidura como miembro del grupo (actual o antiguo, da igual) de su imagen personal. Por esa razón, sucedió lo previsible: #YoSoy132 pagó los platos rotos.

Antes de avanzar más, quiero revisar un poco la estructura de #YoSoy132. En la teoría, su funcionamiento horizontal debería favorecer la autonomía de cada célula; y en conjunto -a través de la Asamblea Universitaria-, emitir acciones colectivas. En ese sentido, la sociedad debería estar consciente que hay una facción del movimiento que se encarga de trabajar a nivel municipal o estatal, encargándose de funcionar como un contrapeso con acciones concretas y cercanas.
En un nivel superior (por decirlo de alguna forma), está el movimiento como un todo. Éste se compone de las diferentes células regionales. Al unirse -tanto en propuesta como en acción-, impulsan decisiones colectivas a nivel federal. Tal es el caso, por ejemplo, de ciertas manifestaciones multitudinarias o de propuestas de alto alcance, como la que hicieron sobre la democratización de los medios. Suena muy claro, pero en la práctica no lo es.
El modelo falla no porque esté mal diseñado, sino por ciertas cuestiones socioculturales. En primer lugar, está en la poca fuerza de los movimientos locales. En algunos casos, es casi nula. ¿Por qué? Sencillo: Si bien #YoSoy132 inició como un movimiento nacional, también fue uno centralista (nacido del Distrito Federal) que contagió a las demás plazas. Las primeras marchas tuvieron eco en otras entidades. Poco a poco -en parte, por una sensación de desgaste-, el número de integrantes activos se redujo. Quizá no bajó la cifra de simpatizantes (e incluso, pongo en duda la afirmación), pero sí el de la gente que se decide a salir a la calle.
Esto, por supuesto, se refleja en la cobertura; algo que los detractores del movimiento como Carlos Marín han aprovechado para fomentar una imagen artificial de poca relevancia:
Un centenar de activistas del #YoSoy132 protestó el miércoles reciente, frente a las oficinas de la representación del gobierno de Michoacán en la Ciudad de México, contra los operativos policiacos en las normales rurales que fueron paralizadas más de un mes y convertidas en corralones de casi un centenar de autobuses y camiones de carga secuestrados y vandalizados. El viernes, por la misma insensata causa, unos tristes 40 de sus correligionarios bloquearon dos horas la circulación en Insurgentes Sur.
Y antier sábado, un número más ínfimo aún de #YoSoy132istas estuvo entre los poco más de 200 marchantes del monumento a la Independencia a la Plaza de la Constitución, que se habían propuesto colocar frente a Palacio Nacional “65 mil veladoras” (una por cada muerto de la narcoviolencia de la que culpan a Felipe Calderón), pero les faltó un titipuchal de simpatizantes para completar la ofrenda.
Segundo: el Distrito Federal tiene un peso específico que opaca al resto. Esto es lógico porque el modelo de nación así lo fomenta. En la Ciudad de México están las universidades de mayor impacto, las figuras más reconocibles del movimiento y es la sede de las marchas multitudinarias. Este embudo también impactó en generar una imagen de debilidad. Han sido raras las ocasiones en que la provincia ha logrado arrebatarle los reflectores a la capital; casi siempre, como consecuencia de represión gubernamental, no por sus propuestas.
Esta combinación de factores se suma a un cansancio ante ciertas acciones incómodas -por ejemplo, las manifestaciones-, la resignación social ante el triunfo del PRI, o la politización del movimiento (algo innegable, pues sindicatos, partidos y otros actores han tratado de sacar cierto beneficio de la situación). Lo que sucede es que el movimiento se desinfló como fuerza nacional, convirtiéndose, para algunos, hasta en estigma de rebeldes sin causa. Sin embargo, esta fragmentación podría operar a su favor.

En este sentido, todo el caso "Sin Filtro" marca un punto de inflexión. Los detractores de #YoSoy132 han aprovechado la situación para criticar al movimiento como un ideal. No obstante, para quienes continúan en la trinchera, puede significar una oportunidad para resaltar acciones puntuales. Lo importante aquí es cómo se aborda el mensaje. La idea de deslindarse de traidores me parece errónea porque, con todo, significa una segregación de personajes que, con más o menos peso, han contribuido a su historia. ¿Y si en vez de decir que no son una persona, señalan que son más que sólo una?
La diferencia parece mínima, pero contribuiría más a que la gente comprenda la heterogeneidad del movimiento. Cuando #YoSoy132 decidió permitir que cualquiera utilizara su nombre, hizo una jugada arriesgada. ¿Cómo iba la gente a determinar si los que organizaban debates independientes eran los mismos que los que cerraban casetas? ¿Que los que hicieron la protesta de luz son diferentes de los que aventaron huevos a Adela Micha? Paradójicamente, al permitir toda expresión bajo su manto, terminaron por proyectarse como un ente homogéneo que la gente percibe como difuso y desorientado.
A raíz de "Sin Filtro", surgen estas defensas de lo particular. El activista Jesús Robles Maloof publicó que, mientras unos iban a Televisa, otros mantenían un albergue para migrantes. Carlos Brito, otro de los miembros prominentes de #YoSoy132, recordó que hay un grupo que emite su propio programa a través de Internet. Me parece que éste es un momento preciso para combatir la imagen reduccionista y destacar la pluralidad. De fortalecer en la opinión pública las acciones locales y puntuales. Sí, aunque esto implique reconocer que uno ha decidido continuar su batalla desde los foros de Televisa. Porque es muy cierto que #YoSoy132 es más que un individuo, pero hay que recordárselo a los demás.






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Ya callate cucaracha, no eres graciosa.
Este movimiento fue creado con un proposito, campaña politica en contra de Peña Nieto no hay que ser un genio para saber que lo creo la izquierda mexicana. Eso fue su tumba.
Por lo menos sus seguidores deberían reconocer que los engañaron y los usaron con un proposito, y te equivocas Pepe fueron son 7 los que van a trabajar en televisa todos fundadores. Y conozco mas en
El resto de la republica que ya trabajan en buenos puestos en partidos politicos y periodicos, eso pasa por caer en la borregada y seguir a un movimiento sin investigar quienes lo fundaron.
El yosoy132 siempre ha sido un movimiento ridículo y lo seguirá siendo...
el #yosoy132 era bueno , crecio , todo mundo le metio mano ...y asi estamos ahorita