Mucho se ha hablado de la Guerra contra el Narcotráfico que nuestro próximamente ex-Presidente llevó a cabo durante su sexenio. Su política, mayormente, se centraba en ver la problemática desde un punto de vista de seguridad pública. Durante un buen tiempo, se trató de encerrar en una prisión al adicto hasta que, en 2006, se aprobó la despenalización del consumo de drogas. Sin embargo, a pesar de ya no estar penado el consumo, la compra y distribución seguían siendo ilegales, por lo que el consumidor podía ser detenido para "preguntarle amablemente" dónde las compró (en teoría no pueden hacer eso, pero vamos, sabemos cómo se trabaja en este país).

Recientemente, los estados de Washington y Colorado legalizaron la marihuana. Decidieron cambiar el enfoque a uno de salud pública, en el cual al adicto lo dejan consumir su droga, y utilizan al sistema de salud para tratarlo clínicamente, en lugar de considerarlo como un criminal, cosa que debería ser así en México. De hecho, la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó en 2007 que un drogadicto no debe ser remitido a las autoridades penales, sino a un centro de rehabilitación.

¿Por qué nosotros -al igual que Estados Unidos- debemos cambiar el enfoque? Es sencillo. En primer lugar, todos tenemos adicción a algo. En este país existen ludópatas, vigoréxicos y alcohólicos. Sin embargo, a esas personas no se les encierra en las cárceles. Se les ayuda a salir de su situación mediante terapia. Todas las adicciones son dañinas y toda actividad puede causar adicción. Así que, ¿por qué satanizar el uso de la marihuana y la cocaína?

Lo primero que viene a la mente al decir estas palabras es alguien fuera de sus facultades mentales y es por eso que piden que su prohibición permanezca. Sin embargo, ninguno de los dos es alucinógeno. La marihuana es un depresor del sistema nervioso (similar al alcohol) y la cocaína es un estimulante (como la cafeína). Lo más probable es que se le digan marihuano a una persona que inhaló solventes (los cuales si dañan el cerebro, y oh sorpresa, son legales).

Cannabis sativa se fume y tenga un efecto. Se requerirían miles de churros para producir una muerte por THC, haciendo virtualmente imposible morir por sobredosis (cosa que no ocurre con el alcohol).

Por este miedo, se pierde mucho dinero y muchas hectáreas de áreas verdes. ¿Por qué menciono las áreas verdes? Porque la Cannabis sativa es una planta muy útil, de la cual podemos obtener telas resistentes (las velas de los barcos que utilizó Cristóbal Colón estaban hechas de con cáñamo, derivado de la cannabis) y fibras para hacer papel. Se ahorraría agua ya que la planta no necesita de una enorme cantidad del líquido para sobrevivir. De una hectárea de Cannabis se obtiene más material para hacer papel que de una de árboles. La Cannabis sativa crece más rápido que un árbol, por lo que se obtiene más materia prima. Y los que la fuman, no se ha demostrado que obtienen un daño mayor al producido por la ingesta de alcohol.

En el caso de la cocaína, su efecto es similar al obtenido si se ingiere cafeína. La cocaína proviene de la hoja de la planta de coca, la cual se utiliza para hacer té en Bolivia y prevenir el mal de altura. Al igual que el café, un té no posee una cantidad pura de la sustancia. Sin embargo, su prohibición llevó a su refinamiento y su uso excesivo. Ambas sustancias son adictivas. Y si la cafeína fuera ilegal, la venderían en forma pura, como la cocaína; e irónicamente, la forma pura de la cafeína también es un polvo blanco inhalable.

Curiosamente, el presidente Calderón se vanagloriaba que se frenó el aumento del número de adictos en el país a través de su estrategia. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 muestra un incremento en el número de usuarios de marihuana y cocaína. Este aumento debe ser una advertencia para las autoridades. Siendo dos sustancias, que si bien no son inocuas, tienen análogos legales, es necesario revisar si el ataque a los adictos se debe llevar a cabo como problema de seguridad pública -enfoque en el cual no se logró frenar el uso de esas sustancias- o como problema de salud pública, el cual quizá no frene del todo el crecimiento en el número de usuarios, pero al menos, no dejará el territorio repleto de sangre. Prueba de ello son los Países Bajos, en donde la marihuana es legal. Recientemente han salido noticias respecto a su problemática en su sistema penitenciario, donde la despenalización no ha aumentado el número de delitos, sino que ya que están pensando en cerrar centros penitenciarios por falta de presos.

La mayoría de la población relaciona a los adictos con delincuentes. Sin embargo, no hay que olvidar que los adictos a alguna sustancia , ya sea legal o ilegal, son personas como nosotros. Es vital brindarles ayuda, pues la adicción a cualquier cosa mas que una enfermedad, es un síntoma de algo mas profundo en su ser. Nadie dice un buen día "hoy tengo ganas de hacerme adicto al crack" u "hoy tengo ganas de hacerme ludópata". El enfoque debe cambiar: las personas adictas tienen algún padecimiento que se manifiesta mediante la adicción. La mejor forma de curar a un enfermo, es mediante su correcto diagnóstico para establecer un tratamiento efectivo, no culpándolos ni estigmatizándolos. Las prohibiciones sólo han traído problemas a las personas que, muchas veces sin deberla ni temerla, están indefensas en el fuego cruzado.