Hoy el periódico Excelsior publicó en primera plana que el número de adolescentes que se quitaron la vida en 2012 por acoso escolar o bullying fue de casi cinco mil. Ante esto, algunos senadores han comenzado a poner sobre la mesa la creación de una ley contra el acoso escolar que detenga este tipo de sucesos.

Bullying

Nuestros legisladores son muy ocurrentes. En cuanto escuchan de un problema latente en nuestra sociedad salen con una propuesta para crear una ley que regule ciertas acciones o sucesos; tal fue el caso de las difamaciones por redes sociales o los tuits sobre actos criminales que causaban pánico.

Ante la cifra de muertes por acoso escolar dadas a conocer por José María Martínez, secretario de la Comisión de Puntos Constitucionales del Senado, algunos de sus compañeros han volteado la mirada a este tema para crear una legislación que la ataque.

Como siempre, la pregunta está en cómo. Una de las propuestas que se están discutiendo plantea "castigar con severidad a los adultos que permiten el fomento de la violencia". Sin embargo, en lo personal, encuentro algunas deficiencias con esta propuesta: la mayoría de las veces el acoso escolar es una situación de la cual no se enteran los adultos; y aunque se enteren y pidan que detengan este tipo de acciones, no hay manera de asegurarse que así será.

Me parece que una legislación que sancione no es el enfoque adecuado, sino una que se enfoque en la prevención y la formación entre los niños y jóvenes para fomentar valores como el respeto y la tolerancia. En este sentido, el senador del PRD Mario Delgado, anunció hace algunos meses que presentaría una propuesta de ley que atacara el problema desde este frente.

Dicha propuesta implicaría las siguientes acciones:

  • La creación de estadísticas sobre el problema
  • Fomento de la cultura del respeto
  • Creación de una red con la participación del gobierno, padres de familia, maestros y ONGs que promueva mejores prácticas y casos de éxito
  • Establecer un modelo de tratamiento y atención a víctimas

Por supuesto, con esta ley también vienen responsabilidades para maestros y padres de familia que pasen por alto estas situaciones, pero el enfoque cambia de uno meramente punitivo a uno de prevención y seguimiento. Claro que es necesaria una ley que fomente la sana convivencia en las escuelas, pero lo que no necesita son legislaciones ocurrentes; hay que analizar el problema a fondo para que la propuesta sea lo más sensata posible.

Imagen: Outright Youth

Marco Antonio Gómez Lovera

Economista por la Universidad Panamericana. Trabajé en el INEGI donde obtuve experiencia en el análisis y monitoreo de los principales indicadores de la economía mexicana. Actualmente me dedico al periodismo económico. Más artículos del autor »