La gran incógnita sobre el plantón de la CNTE en el Zócalo era la fiesta del 15 de septiembre. No es la primera vez que un Gobierno Federal se enfrenta a una situación similar; en el 2006 Vicente Fox tuvo que trasladar la ceremonia a Dolores Hidalgo, la cuna de la Independencia.

El problema con el gobierno de Peña Nieto es que en sus primeros nueve meses de gobierno se ha esforzado en recrear el gobierno con grandes escenarios, grandes protocolos y grandes imágenes que se escapan de la realidad.

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¿Qué es lo que quería Peña Nieto con el retiro del campamento magisterial? Tener un bonito escenario desde donde pudiera lanzar la famosa arenga de Independencia. Así, al día siguiente, medios nacionales e internacionales replicarían las imágenes de la primera conmemoración de Independencia que celebra en su gobierno.

Claro, el desalojo tendría que venir por parte del Gobierno Federal, luego de que las autoridades capitalinas permitieron durante tres semanas que existiera un Zócalo ocupado y calles bloqueadas que desquiciaron a la ciudad cada vez que a los maestros se les ocurría.

Además, es una muestra de cinismo que ayer Miguel Ángel Mancera saliera a decir que:

Lo que no vamos a permitir es que haya afectaciones mayores a la Ciudad de México. Somos conscientes de que hay un derecho a la manifestación, pero no podemos permitir que haya afectaciones mayores a la ciudad.

¡A buena hora! Pero eso sí, se accedió a que se instalaran en el Monumento a la Revolución.

Regresando al tema central, me gustaría dar mi perspectiva de lo sucedido ayer. El plantón ni siquiera debió de existir, el gobierno capitalino debió de haber mantenido el espacio ocupado al mínimo para garantizar la seguridad y el libre paso de los ciudadanos. Es una zona comercial y turística cuyas actividades se vieron afectadas de manera arbitraria por una autoridad tibia.

Sí, los integrantes de la CNTE tienen todo el derecho de manifestar su descontento ante la reforma educativa, pero algo que parece olvidar de manera sistemática el Gobierno del DF es que su derecho termina donde empieza el de terceros.

El Zócalo no debió de haber sido tomado y, una vez hecho, debió de haberse retirado por estos mismos motivos, no "para garantizar la celebración tradicional de la fiesta de Independencia". Porque haber hecho el operativo con eta excusa es decirle al pueblo que al gobierno no le importan los derechos de los ciudadanos, sino la imagen de una persona.

Pero el operativo se llevó a cabo. Hubo tensiones, hubo un momento en el que muchos pensamos que se podría salir de control, pero en su gran mayoría todo se hizo de manera calmada. Los maestros se retiraron en su mayoría a la Plaza de la República y atrás quedaron algunos que le apostaban al enfrentamiento, en su mayoría integrantes de grupos anarquistas.

Creo que vale la pena señalar que dentro de lo que cabe, salvo por algunas detenciones que no tenían razón de ser y abuso de la fuerza en casos aislados, fue un general un operativo moderado y bien ejecutado.

Habrá quienes no estén de acuerdo, quienes digan que lo sucedido ayer fue una muestra más de la represión que el gobierno ejerce sobre el pueblo. Insisto, puede ser que algunos elementos de la policía hayan actuado de manera arbitraria y excesiva, pero describir lo de ayer como "represión" es un exceso y, desde mi punto de vista, una irresponsabilidad.

Independientemente de todo esto no quiero que se pierda el punto central de este texto: Pese a que el desalojo del Zócalo pudo haber sido la acción correcta, el motivo por el que se hizo fue incorrecto. Así, por lo menos ante mí, el gobierno de Peña Nieto vuelve a quedar mal.

Imagen: Palabra de EPN

Marco Antonio Gómez Lovera

Economista por la Universidad Panamericana. Trabajé en el INEGI donde obtuve experiencia en el análisis y monitoreo de los principales indicadores de la economía mexicana. Actualmente me dedico al periodismo económico. Más artículos del autor »