Ayer me topé con una nota que hace una ligera crítica a la película de Eugenio Derbez por la falta de lo que el autor identifica como -parafraseando- el México existente y real, que la película de dicho actor -y ahora director- no muestra. Eso me llevó nuevamente a pensar en el constante debate que se da sobre si el cine mexicano "debe ser" de tal o cual forma.

No se aceptan devoluciones

En la nota publicada en El País, el autor Luis Prados hace mención a películas de directores mexicanos que están siendo premiadas en el extranjero, sin embargo no tienen ese mismo éxito dentro del país -mucho menos taquillero-, pero que a diferencia de la película No se aceptan devoluciones, sí presentan un México más "real" -entiendo que así considera-.

...un mexicano huevón, torpe, acomplejado y sentimental, para quien emigrar al Norte no es solo un paseo campestre sino cosa de risa.

Merece la pena detenerse en el Acapulco de Derbez. La ciudad turística es probablemente una de las más peligrosas de México en la actualidad –mil muertes violentas en 2012- y atraviesa una grave crisis –los 310.000 turistas extranjeros de 2006 se redujeron a 61.000 el año pasado; los 81 cruceros de 2011 solo fueron 9 en 2012-, pero nada de esto se ve en la película. Más aún, es un Acapulco tan idealizado que sus vistas han sido producidas por ordenador.

Derbez triunfa estos días en las pantallas con una película de evasión, si es que eso se puede hacer sin faltar a la verdad en el México actual. ¿Cine para el nuevo sexenio?
Luis Prados

He de decir que no pretendo defender la película de Derbez, en primera porque no la he visto -y creo que por eso mi comentario puede ser más objetivo-. Y en segunda porque a diferencia de una gran cantidad de población en México no soy fan de este comediante y mucho menos lo considero "el mejor del país", como lo quieren calificar algunos. Su estilo de comedia no me gusta -y basta ver el trailer con el personaje de "acapulqueño" para que vea que va por lo mismo-, por lo que posiblemente una vez que vea la película termine coincidiendo en ciertos aspectos de la opinión del periodista. Pero lo que sí quisiera defender es la diversidad tan necesaria en el cine mexicano, que este no sea un género como se le maneja muchas veces sino una nacionalidad dentro de la que se exponen muchos géneros y estilos distintos, y no encajonarlo en ese "debe ser..." que lejos de beneficiarlo le causa mucho daño.

De antemano coincido con su hipótesis de que el público mexicano está cansado de un cine crudo que muestra los grandes problemas de México de injusticia, inseguridad, pobreza, y tantos más de una amplia lista. A nivel personal he de confesar que sí me es más fácil ver películas que abordan esos mismos problemas pero allá, pasando al menos una frontera, que los que la muestran aquí, a la vuelta de la esquina. A pesar de todo acabo viéndolas, y una parte del público también.

Lo que sí creo es que sobre todo el público mexicano quiere reírse, un claro ejemplo es con la película El Infierno, que permaneció varias semanas en cartelera y trata de esos mismos problemas, pero cómicamente. Es más hace dos meses Forbes México sacaba la lista de las 15 películas mexicanas más taquilleras y de éstas, 8 de ellas -ya sea animadas o no- son cómicas, el resto varían entre los géneros de drama, terror y documental.

Regresando al tema de la diversidad para el cine mexicano la considero no sólo necesaria, sino esa sí una obligación, pues si algo caracteriza este país es eso: la diversidad de personas, culturas, ambientes y también problemáticas. De hecho querer resumir en una película la "realidad mexicana" tratando un problema de inseguridad y violencia, es demasiado injusto para los millones de mexicanos que no estamos inmersos en eso, que sí la hemos visto tal vez rondar cerca en los últimos años, pero nuestra vida no gira en torno a eso. La mayoría de mexicanos seguimos trabajando todos los días, viviendo con nuestras familias, conviviendo con amigos, casándonos, teniendo hijos, cumpliendo metas y celebrando cualquier cosa, la vida por sí misma.

Más aún cuando se trata del género de ficción. Si aún en el género documental -que por definición busca la objetividad- existen estilos y tratamientos diferentes; más aún en la ficción deben existir géneros, estilos y visiones diferentes. Tan son necesarias las películas mexicanas que retraten problemas sociales, exponiendo y denunciando, como los que tratan problemas particulares -que al final acaban siendo más universales- ya sea poniéndonos a llorar o reír. Es de los diferentes puntos de vista que precisamente el cine logra ser no solo un medio de entretenimiento, sino generador de ideas y pensamientos.

Por otro lado, si lo vemos como la imagen que exportamos de nosotros mismos, es muy necesario que nuestro cine muestre las diferentes facetas que tenemos y contrarrestar que la imagen de México está dominada por lo que difunde EU. Un cine que muestre que no todos hablamos como norteños o como chilangos; no todos andamos de sombrero o con huaraches; que la mayoría no cargamos pistola sino un maletín, una laptop, o cualquier otra herramienta de trabajo. Y que a pesar de todo lo que sale en las noticias, seguimos teniendo lugares turísticos, naturales, playas y ciudades, de gran belleza.

También valdría recordar que hay un género literario característico de hisparoamérica que es el realismo mágico. Lo traigo a colación porque creo que si aquí ha encontrado su mayor fuente de riqueza de historias, es porque precisamente creo que tanto mexicanos como latinos, tenemos esa característica de mezclar realidad con fantasía, sin tener una clara línea de en dónde termina una y empieza la otra. Muy posiblemente esa forma de ver las cosas, entre realidad y misticismo, entre verdad y magia, es lo que nos da parte de nuestra fortaleza, de ver belleza en lo desagradable y de reírnos de nuestras desgracias. Para nada digo que la película de No se aceptan devoluciones esté hecha con una narrativa así, pero sí creo que más allá del punto de vista de su director, actor y co-escritor, también está la influencia cultural en esta forma de ver la vida. Como paréntesis habría que agregar que precisamente la otra película mexicana de gran éxito en EU fue Como agua para chocolate, esta sí basada en una obra de realismo mágico del mismo nombre y la otra película hispanohablante de gran éxito en EU es El laberinto del Fauno, otra historia que mezcla realidad con fantasía, por lo que podríamos decir que el gusto por el realismo maquillado y transformado no es sólo propio de mexicanos -y bueno valga revisar todo Hollywood-

La verdad, si la película está bien hecha técnica o narrativamente, eso ya queda a juicio de los críticos especializados. Y que si tiene toda una imagen televisiva, bueno pues sólo hay que ver la escuela que trae Derbez. Pero lo cierto es que el público la está disfrutando, la está recomendando y esto le abre las puertas a las próximas películas mexicanas, realistas o no, y eso ya es una gran ganancia para su crecimiento.

Por cierto, en todas sus entrevistas con que me he topado, Eugenio Derbez ha dicho que para esta película lo que quería hacer era un drama que hiciera reír, y una de sus grandes influencias fue esa película que en medio de la peor guerra sufrida por la humanidad, la segunda guerra mundial, su protagonista se desvive por mostrarle otra realidad a su hijo, mostrándole a él y a nosotros que a pesar de todo La vida es bella.

Foto: Videocine

Ileana Fernández

Publicista de profesión; curiosa, observadora y analista por costumbre. Más artículos del autor »