Hasta siempre, Carlos Monsiváis

La muerte asaltó a las letras este fin de semana. Carlos Monsiváis falleció de insuficiencia respiratoria este jueves por la tarde. Los años de fumador y su larga convivencia con sus 22 gatos terminaron por generarle una fibrosis pulmonar que le cobró la vida. Siempre polémico, siempre analítico, Monsiváis fue escritor, analista, cronista, periodista, sociólogo, ensayista... Fue un hombre que, sin importar el género literario, plasmó la vida cotidiana del país con su pluma afilada y crítica.

Monsiváis, más allá de sus textos, fue uno de los íconos culturales del país, el intelectual de cabecera de México. Crítico acérrimo del oligopolio mediático (pero siempre listo para salir a cuadro), se convirtió en el símbolo del sabihondo popular, de la celebridad de la inteligencia. Más reconocido que leído, más leído que comprendido. Fue el comediante Miguel Galván (también finado) quien le inmortalizaría con su parodia para la retina del televidente promedio, porque para la mente de los lectores, Monsiváis se encargó de hacerse inmortal él solo.

Monsiváis fue genio y figura. Pluma autorizada, tomó bajo su cobijo a La Jornada. Si sus letras se radicalizaron por culpa del diario (o viceversa) será materia de discusión aparte. Monsiváis, siempre cargado a la izquierda, se encargó de derramar tinta en los diarios y revistas del país, de extender el verbo en radios y televisoras, de materializar la cultura popular con su Museo del Estanquillo. Hombre prolífico, juglar del asfalto, deja vacio el trono de príncipe del pueblo --- porque el Rey, me disculpan, siempre será Paz --- sin que nadie reclame (o pueda llenar) la silla del consorte de los 22 gatos.