[Campus Party] ACTA: lo rescatable, lo debatible… y lo irreal

Para los afortunados treinta millones de mexicanos que contamos con acceso a internet es difícil imaginar nuestra vida sin este tipo de tecnología. Trabajamos, estudiamos y nos divertimos diariamente conectados a la red. Por ello, cuando escuchamos sobre las negociaciones secretas del Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA) y las posibles limitaciones que pudieran acarrear su avance y ratificación, nos encontraremos totalmente en contra.

Pero, ¿en realidad vale la pena desechar por completo al ACTA? El Acuerdo Comercial Anti-Falsificación es una iniciativa aún por concretar entre Australia, Canadá, la Unión Europea, Japón, Jordania, Corea del Sur, México, Marruecos, Nueva Zelanda, Singapur, Suiza, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos para evitar la piratería en varios ámbitos. Además de tratar la falsificación de bienes materiales como medicamentos y la reproducción no autorizada de símbolos patrios, el ACTA se refiere a tomar un mayor control sobre el internet (¿se puede?) para evitar, entre otras cosas, la descarga ilegal de contenidos protegidos por la Ley de Derechos de Autor.

En el marco de la Campus Party México se discutió más que nada sobre las consecuencias negativas de la aplicación del ACTA. En el panel se encontraban representantes de Microsoft, Telefónica Movistar, el Instituto Nacional de Derechos de Autor (Indautor) y la fracción perredista del Senado de la República. Entre los principales cuestionamientos/quejas en contra del ACTA se encontraban los siguientes:

  • Daría poderes de vigilancia a las empresas proveedoras de servicios, poderes que hasta ahora sólo recaen en ciertas dependencias gubernamentales.
  • Limitaría el flujo de descargas de internet.
  • Podría hacer más lento el avance tecnológico mexicano, aumentando el analfabetismo digital.

Vamos por partes. Es cierto, no se pueden dar a las empresas poderes y facultades que conciernen sólo al gobierno. Además, la definición de delito informático sería demasiado amplia, pudiendo dar la misma pena tanto a la blogger que descargó Sex and the City 2 porque le daba pena ir a verla al cine y que después la borra de su disco duro para que no quede evidencia (cof cof) como al pirata que descarga millones de archivos de música para quemarlos en CDs y venderlos en cantidades masivas. Sin embargo se puede matizar la definición de este delito y fijar diferentes tipos penas, desde multas administrativas, hasta condenas de prisión. Vale la pena destacar que el ACTA incluiría la excepción de la copia única, que se refiere a la descarga legal y gratuita siempre y cuando no sea con fines de lucro.

En cuanto a la capacidad del ACTA de limitar el flujo de descargas, creo que es un punto exagerado (no avienten aún los jitomates). Sería bastante simplista afirmar que el internet se limita simplemente a descarga de datos. El ACTA también se refiere a la vigilancia cibernética con el fin de evitar crímenes como la pornografía infantil y el fraude bancario. Es evidente que en la lista de prioridades se encuentran hasta arriba los ladrones de cuello blanco, los acosadores sexuales y los pederastas. Los aficionados a las descargas (sin contar a los piratas) no salen siquiera en el radar.

Finalmente me parece irrelevante hablar de reducir el analfabetismo digital cuando hay simplemente analfabetismo en nuestro país. A mi parecer uno de los grandes errores de los panelistas fue mencionar el caso de Finlandia, en donde el acceso a internet es un derecho fundamental y esperar el mismo destino para México… pero rápido y envuelto para regalo, por favor. Finlandia siempre se encuentra en los primeros lugares de desarrollo humano a nivel mundial, sus niveles de analfabetismo, pobreza y subdesarrollo son inexistentes, todos los habitantes tienen acceso a servicios de agua, luz y gas, el acceso a internet es tan común y tan básico como respirar. Sin embargo en México hay cuestiones muchos más apremiantes que resolver como lograr acceso a servicios y educación para todos, u obtener soberanía alimenticia.

Foto: Ximena Vega