El sexenio de las prohibiciones

Este sexenio se ha caracterizado, narco aparte, por aumentar las políticas encaminadas al cuidado de la salud. Dado que la obesidad, y las enfermedades crónicas que resultan de la misma, tienen la capacidad de poner en jaque al sistema de salud, se ha prohibido la comida chatarra en las escuelas. En lo referente al cigarro, es casi inminente el aumento de 10 pesos por paquete y a partir del 27 de septiembre de este año, las cajetillas tendrán crudos pictogramas explicando las consecuencias negativas del tabaquismo.

Estas dos políticas se distinguen por una cosa: la prohibición. Se prohíbe la comida chatarra en las escuelas y se planea reducir el consumo del tabaco apelando a cuestiones económicas, no de convicción propia. Aunque el tema del cigarro no es propiamente prohibición, sí se está haciendo uso de medidas bastante fuertes, casi coercitivas. No le veo nada de malo en realidad, yo no fumo y, aunque respeto al que lo haga, creo que sería mejor para todos vivir en un ambiente libre del humo del cigarro.

Pero eso no es todo. Hay otras prohibiciones.

En algunos estados, por ejemplo Guanajuato, se prohibió hasta hace poco la distribución de la píldora del día siguiente, resultando en un aumento de más del 40% en el número de embarazos no deseados en este último sexenio. Entiendo que esta prohibición se da por “respeto a la vida” como lo hace llamar el gobierno del estado (no argumentaré en este momento sobre el estatus del cigoto previo a su implantación en el útero), pero si el fin último es evitar un aborto, ¿no debería invertirse en educación sexual y difusión de los programas de salud?

Y entonces llegamos al tema incómodo, la educación. La piedra en el zapato. El problema que más avergüenza, y con justa razón, a México. Todos los problemas anteriores, obesidad, tabaquismo y embarazos no deseados, bien podrían reducirse o resolver a muy largo plazo si invertimos más en educación. Educar a los niños y jóvenes sobre una alimentación sana, los riesgos del tabaco y otras drogas y salud sexual pueden ahorrarle varios millones y dolores de cabeza a gobernantes y padres de familia por igual. Sólo hay un problema. Atacar cualquier situación sólo por la parte de la prevención y la educación lleva años. Aquí se trata de cambiar costumbres, ideas y comportamientos muy arraigados en la sociedad mexicana.

Así que se opta por la inmediatez de la prohibición. Es rápida, efectiva y no cuesta tanto (al contrario, en el caso del tabaco se calcula que dejará 22 mil millones de pesos anuales). No habría ningún problema con este tipo de medidas si se lanzaran acompañadas de programas de prevención efectivos, bien estructurados y con metas a corto, mediano y largo plazo. Pero no es así, se prohíbe y se espera que eso funcione pero al final del día, el libre albedrío gana. Los adultos seguirán fumando y los niños seguirán comiendo comida chatarra.

Foto: Fotos cada día