Identidad y lengua: el “estado de la cuestión” de las lenguas mexicanas (Primera parte)

Las pasadas (y en vías al olvido) celebraciones del Bicentenario removieron en muchos sectores de la sociedad una vieja inquietud que ha venido aguijoneado desde hace varios siglos nuestra consciencia nacional: cuál es nuestra identidad como país. Más allá de los clichés de sombreros charros al vuelo, acordes de guitarra al candor del tequila, platillos típicos reducidos a chilaquiles en domingo o imágenes genéricas de nuestro pasado indígena (danzantes en el zócalo que pasan la charola al terminar su acto; figurillas de cerámica en un museo; la María que vende muñecas afuera de alguna ubicua catedral), la pregunta yace aún sin respuesta. Hay una vieja fórmula: la identidad de un pueblo está conformada por su historia, lengua y cultura; pero en una sociedad tan compleja y extensa como la nuestra, dicha fórmula es sólo para el desastre.

Con motivo de las celebraciones del “Día Internacional de las Lenguas Maternas”, en Vivir México presentamos este breve estado de la cuestión acerca de las lenguas mexicanas, a sabiendas y advertidos de que no es estudio a profundidad y que únicamente tiene por fin divulgar información medular en torno a este aspecto fundamental en nuestro quehacer como ciudadanos de uno de los países con mayor riqueza y desigualdad cultural.

Familias, grupos y variantes lingüísticas en México

Según las estadísticas y acervo del Instituto Nacional de las Lenguas Indígenas (INALI), nuestro país alberga 11 familias lingüísticas, en las cuales se ordenan por afinidades los 67 grupos lingüísticos (y sus múltiples variantes), resultando lo que llamamos “lenguas mexicanas”; es decir, lenguas cuyo origen y desarrollo –pensamos– ocurrieron dentro de nuestro territorio hace ya varios siglos. Como es de esperarse, las lenguas que actualmente conocemos no son las únicas que han existido ni se han mantenido intactas. Cabría, antes de continuar, explicar el método a través del cual se hace la taxonomía (u ordenamiento) de estas lenguas.

Por familia lingüística se entiende el

conjunto de lenguas cuyas semejanzas en sus estructuras (fonológicas, morfosintácticas y léxicas) obedecen a un origen histórico común.
Al igual que a nosotros se nos puede agrupar por las familias de las procedemos porque poseemos un código genético similar, ciertos hábitos y costumbres frutos de la convivencia, así como una serie de antepasados en común, a las lenguas también puede agrupárseles de este modo. En el siguiente ejemplo, tomado del sitio web del Instituto Lingüístico de Verano en México, queda la cuestión un poco más clara:

A continuación se presentan las distintas formas de decir la palabra “humo” en las diversas variantes geográficas de una lengua mexicana en particular: el zapoteco.

  • Zapoteco de Aloapam: seni
  • Zapoteco de Atepec: dzeni
  • Zapoteco de Choapan: dzen
  • Zapoteco de Xanica: tsen
  • Zapoteco de Amatlán: zhen
  • Zapoteco de Texmelucan: dzhe’ñ
  • Chatino de Tataltepec: sin

Como es fácil observar (o más bien, escuchar), en todas ellas se respira un aire de familia, que contrasta cuando las comparamos con lenguas pertenecientes a otra, como la familia Otomí, donde humo se dice yuhma, o la Otopame, donde se dice hmifi.

Como es de esperarse, las formas de clasificar las distintas lenguas variarán según los autores, las corrientes académicas e incluso los periodos históricos (y claro, las intenciones políticas). Por ejemplo, mientras el Instituto Lingüístico de Verano en México las clasifica en 20 familias, el INALI sólo toma 11 y una extra muy amplia, llamada “Otras lenguas de América”. Otras sólo conciben 10.
Por ahora excede los fines de esta publicación determinar cuál es la correcta y las razones de dicha elección. Lo que sí compete es poner en realce que esta tarea no es sencilla, pues como cualquier otro grupo de lenguas en el mundo, las lenguas mexicanas a lo largo del tiempo han seguido modificándose, mutando y tomando distancia de otras similares, pues cada grupo humano modifica a su manera la lengua que habla, tal como el español de México se ha diferenciado del que se habla en Argentina, en Venezuela o incluso en España, el país al que por motivos históricos debemos la introducción del español a nuestro continente.

Aunque más de 6 millones de mexicanos tiene por lengua materna alguna de estas lenguas mexicanas, se cree que actualmente sólo sobreviven 75 lenguas, siendo el náhuatl la única que sobrepasa el millón de hablantes. Las dificultades que entraña obtener datos precisos vuelven aún más escabrosa la cuestión, pues el número de variantes de cada lengua es muy grande y dificulta el proceso estadístico, pues no todos los miembros de un determinado grupo étnico hablan la lengua tradicional del grupo.
No está de más echarle una ojeada a la tabla de familias lingüísticas que ofrece el INALI (basada en los censos del INEGI), donde se incluye el estimado de hablantes por familia así como todos los grupos lingüísticos que concibe bajo el término “lenguas mexicanas”.

Foto 1: Cultura en Atzcapotzalco
Foto 2: El Nuevo Diario