De la cobertura de la violencia y otros eufemismos (II)

Ayer por la noche examinábamos los cinco primeros puntos del Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, suscrito por más de 50 medios de comunicación para establecer criterios editoriales sobre la información del crimen organizado. Repleto de buenas intenciones, vale la pena sospechar un poco de un pacto que es promovido por el duopolio televisivo, y que se da justo en el punto más bajo de aceptación de la Guerra contra el Narcotráfico™ del presidente Felipe Calderón. Sigamos evaluando algunos de los puntos flacos de esta propuesta, con el fin de que generemos un criterio propio.

6. Cuidar a las víctimas y a los menores de edad.

El acuerdo menciona que, ante toda costa, debe protegerse la identidad de las víctimas de la violencia, en especial cuando refiere a los menores de edad. Aunque parece que este punto no presenta problemas, hay que detenerse en casos específicos como los menores reclutados por sicarios. Es una realidad alarmante, pues en nuestro país, 35% de los narcos detenidos no han cumplido la mayoría de edad. ¿Se les considera como victimarios o como víctimas del crimen? ¿Se deben denunciar con todo el peso de la opinión pública --como sostienen los puntos anteriores-- o se les debe arropar como presas de un destino ineludible? ¿O será que sólo desaparecerán de la escena pública, como si el problema no existiera?

7. Alentar la participación y la denuncia ciudadana

En el pacto, se sostiene que los medios deben promover la denuncia de delincuentes --siempre y cuando, no pongan en riesgo su vida-- y que tienen que participar en la prevención del delito. De acuerdo. En México hacen falta ambos. Los ciudadanos deben comprender que su rol en esta batalla es activo desde la casa, la escuela y las calles. Sin embargo, habrá que estar atentos si esta buena intención no es pretexto para una campaña progubernamental descarada, pues precisamente ahora, lo que más necesita Calderón es el apoyo público.

8. Proteger a los periodistas

Éste es uno de los puntos más sensibles. Basta recordar la carta abierta que emitió el periódico El Diario en septiembre de 2010, donde los periodistas de Ciudad Juárez piden tregua a la delincuencia. El acuerdo pide fijar criterios para las coberturas y no exponer de más a sus periodistas. Hacia el final, también aclara que se evitarán las coberturas en vivo desde las zonas más violentas. Estas premisas significan una transferencia de poderes y responsabilidades, porque es el Estado el que debe garantizar la seguridad. Y con eso, el mensaje cambia: el periodista muere no porque la violencia sea demasiada, sino porque se metió donde no le correspondía.

9. Solidarizarse ante cualquier amenaza o acción contra reporteros y medios.

Nuevamente, sale a relucir la parte de protección a periodistas. Ojo, no digo que se les aviente como carne de cañón. Para nada: su trabajo debe estar garantizado en condiciones de seguridad e integridad física. Pero, nuevamente, es una acción que le compete al Estado, no sólo con los reporteros y medios, sino con toda la ciudadanía. Éste es de los puntos más coherentes, aunque deja abierta la puerta a que se genere un grupo de presión mediático que respalde la estrategia actual contra el narcotráfico.

10. No interferir en el combate a la delincuencia.

A mi parecer, el punto más complicado de todo el acuerdo. El gobierno acusa a los medios de actuar irresponsablemente. En cierto punto, concuerdo. Ahí está el caso de la denuncia de Proceso contra la Oficina Binacional de Inteligencia, a la que llamaron el centro de espionaje de Washington. Al revelar la dirección y las actividades, no sólo pusieron en riesgo las operaciones, sino también a las personas que laboran ahí. Ante estas situaciones, los medios han prometido no poner en riesgo la viabilidad de estas acciones y planes. Sin embargo, ¿hasta dónde se debe marcar el límite entre la permisión y la denuncia? Por supuesto, en el acuerdo, los medios aclaran que no dejarán de dar seguimiento ni de criticar la acción gubernamental, pero un punto tan ambiguo da pie al sesgo informativo.

"El infierno está lleno de buenas intenciones", reza el refrán. En lo que hay que concentrarnos es en la ejecución, y sobre todo, en la repercusión de dicho acuerdo. Entre los grandes ausentes se destacan los periódicos Reforma y La Jornada, así como la cadena radiofónica MVS. El caso de La Jornada resulta aún más interesante por tratarse del único medio que recibe directamente los cables filtrados por WikiLeaks, en tanto que MVS cobija a la periodista Carmen Aristegui, recientemente en el centro de la polémica por su despido tras los cuestionamientos a Felipe Calderón.

Ahora sí, que prosiga el debate en los comentarios.

Imagen: Changarro Virtual