Aumenta el historial de violencia asociada al SME

Un proverbio griego reza que la col hervida dos veces mata, y puede que a los ojos de la ciudadanía el SME haya pasado desde hace mucho tiempo el segundo hervor. Es más, puede que de tan quemado ya ni siquiera pueda tragarlo. Y no es para menos...

Ayer el Sindicato de Electricistas volvió a tomar la calles del Distrito Federal, dejando a su paso automóviles particulares incendiados, una camioneta propiedad de la CFE volcada --y como ya es tradición: con todo y chofer vuelto santo Cristo--, reporteros amedrentados (fotógrafo de la Jornada (!) incluido), pintas en edificios públicos, bomberos golpeados (?) y caos en la estación de Metro Zócalo provocado por gas lacrimógeno que cayó dentro de las instalaciones del subterráneo (aunque esto último cortesía del finísimo tino de los granaderos).

Su dirigente, Martín Esparza, deslindó de todos los hechos ocurridos al movimiento, achacándoselos a infiltrados. Teoría que aunque en nuestro México --criadero certificado ISO 9000 de porros y esquiroles-- es del todo factible, queda un poco deslucida cuando estos actos estos actos violentos se suman a otros tantos que han sido asociados al movimiento sindicalista, tales como la agresión a periodistas (los del diario Milenio han sido sus predilectos), destrucción de vehículos propiedad de la CFE, pintas en inmuebles públicos e, incluso, la sospecha de haber iniciado las explosiones en el sistema eléctrico del Centro Histórico.

Pero una cosa es agarrarse a los cocoles con el "heroico cuerpo de granderos" (sic) y otra muy distinta meterse con los bomberos. Vamos, es como pegarle a Rafa Gorgory. Y ni qué decir de golpear y robar a uno de los fotógrafos del medio mexicano que tradicionalmente ha mostrado más simpatía hacia ellos.

Enmedio del caos se escucharon varios cohetones; el reportero gráfico de La Jornada Marco Peláez tomaba fotos del enfrentamiento cuando entre los sindicalistas algunas personas comenzaron a gritarle que parara, que ya no tomara más gráficas. Más de 30 lo empezaron a rodear y lo golpearon; el periodista logró impedir que le quitaran el equipo, pero la agresión continuó hasta que tres integrantes del comité les gritaron: “¡Ya paren, cabrones, es de La Jornada!

Si en realidad --como afirma su dirigente-- se trata de "infiltrados" ¿no sería un buen momento de inflexión para pensar en nuevas formas de manifestarse más allá de las deslucidas marchas que entre consignas y bloqueos viales encrispan los nervios de una población capitalina ya de por sí al borde del colapso? ¿No habrá otras formas menos rudimentarias de hacerse escuchar?

Por lo mientras, el SME permanece en el Zócalo de la ciudad de México, donde mantienen un plantón para exigir que se les contrate en la CFE o que el Congreso de la Unión decrete la creación de una nueva empresa que dé cabida a los cerca de 15 mil trabajadores --una demoledora podría ser una buena opción. Su agenda, mientras se cumplen las demandas, será realizar hoy día una asamblea extraordinaria y mañana una --agárrese-- una movilización más, pero ahora a la Cámara de Diputados. La diversión en la Ciudad de México nunca acaba...

Fotografía: Excelsior