¿Por qué seguimos tolerando el abuso animal en circos?

Cuando era chico, me gustaba mucho que mi mamá me llevara al circo. Me encantaba ver a los elefantes, los tigres y los leones. Me quedaba maravillado con los trucos que podían hacer los animales. Por desgracia, a esa edad no es fácil tener conciencia de lo que sufren, de las pésimas condiciones en que viven. En el circo, sin querer, nos convertimos en bestias que aplauden eufóricas el maltrato animal.

¿Por qué seguimos tolerando estos circos? Yo no me lo explico. Hace unas semanas, recuerdo que me encontré con un tigre blanco enjaulado, siendo paseado por las calles de la ciudad. Ahí, donde debía estar un animal majestuoso, sólo quedaban restos de un ser vejado y cansado, condenado a pasarse la vida en una jaula para beneplácito del respetable. La situación es muy común, sin que la policía ni ninguna autoridad intervenga.

En Monterrey está a punto de pasar una ley que pone el dedo en esta llaga. Aunque el debate gira en torno la práctica de la tauromaquia --que en lo personal, me parece de lo más detestable--, también se incluye un apartado para la prohibición del uso de animales en circos. Por supuesto, habrá voces que reclamen, pero yo me uno al apoyo a esta iniciativa. Es momento de que alguien diga ¡basta! a una situación de maltrato animal que no sólo no es castigada, sino fomentada.

La sociedad tiene un papel importante. Para llevar a los niños a ver animales, la mejor opción son los zoológicos. México tiene una cantidad considerable de estos recintos --algunos con pases gratuitos todos los días o en feriados--, en los que se le puede mostrar al niño el respeto por la fauna. La educación, como siempre, es la única vacuna para remediar una situación que, por tristeza, se ve como normal.

Para nada se trata de una campaña contra las artes circenses. Para nada: son expresiones artísticas que deben ser cultivadas y promovidas. Pero, por ninguna razón, deberíamos tolerar el abuso animal por motivos recreativos. Estos circos, juntos con las corridas de toros o las peleas de perros y gallos, son prácticas lamentables. Es triste mirar cómo mucha gente lucra en estos espacios --como ferias u otras espacios similares-- con la majestuosidad del reino animal. No lo permitamos, ni un día más.

Imagen: La mandrágora