Biblioteca Vasconcelos: un lustro de eterna remodelación

Hace unos años, cuando aún cursaba la licenciatura, tomé una asignatura sobre Industria Editorial. En ese entonces, la impartía el escritor Ignacio Padilla, quien compaginaba sus actividades como catedrático con la dirección de la flamante biblioteca José Vasconcelos. Un día, preguntó en voz alta quiénes de sus estudiantes éramos de Comunicación. Entre una multitud de chicos de Literatura, tres alzamos la mano. "Muy bien", nos dijo Nacho, "quiero que me digan qué opinan de este comunicado de prensa".

El texto que revisamos era un anuncio sobre la remodelación de la biblioteca, el elefante blanco (¿o deberíamos llamarlo ballena blanca?) de la política cultural de Vicente Fox. Padilla había llegado a la dirección después de un sinnúmero de quejas. Que si los lavabos no servían, que si el archivo bibliográfico estaba desactualizado, que si la conexión a Internet era deficiente. Me consta que el escritor se esforzó por levantar dicho inmueble, pues entre clase y clase, nos contaba algunas anécdotas del ríspido mundo de la gestión cultural en México. Pero, bueno, ésa será otra historia.

A cinco años de su nacimiento, no han cambiado demasiadas cosas en la José Vasconcelos. Casi a punto de cumplir un lustro de vida, la biblioteca aún alberga muchísimos problemas que arrastra desde su concepción. Sí, se logró sacar adelante el proyecto, pero para nada fue el gran hito que Vicente Fox pensó. Sólo por poner un ejemplo, el acervo inicial era de 500 mil ejemplares, mientras que ahora registra 575 mil. Es decir, en este tiempo, la cantidad de libros nuevos apenas promedia los 15 mil nuevos títulos al año, una cifra poco sorprendente para un recinto de su supuesta magnitud.

Claro está que la variedad bibliográfica es muy importante, uno de los pocos aspectos en los que ha logrado destacar. Sin embargo, de poco sirve ya que existe una merma considerable en el acervo debido a los robos constantes de material. Acá habría que culpar también a los usuarios, quienes aprovechan las laxas medidas de seguridad para embolsarse los libros. En su momento, el procurador Eduardo Medina Mora se comprometió a indagar, pero tras su salida de la PGR, no hubo continuidad.

En aspectos técnicos, tampoco hay mucho que presumir. El sistema de registro está en un constante estado provisional, con credenciales fácilmente falsificables. También la conexión a Internet es lenta dentro del inmueble. Uno de los detalles que más llama la atención es la ausencia de fotocopiadoras. En lo personal, a mí me huele más a una cuestión de defensa (casi rústica) de los derechos de autor.

"No le ponga fecha de entrega", fue el consejo que los comunicólogos le dimos a nuestro profesor. "Si le pone un día --recuerdo haberle dicho-- los periodistas llegarán a reclamarle; tiene que prever los retrasos". En efecto, el comunicado se giró sin una fecha estipulada para la reapertura tras la remodelación. Quizá Ignacio (y el resto de sus sucesores) nos hicieron demasiado caso: cinco años se aproximan, y la Vasconcelos siguen en su eterna remodelación.

Imagen: Access News