Felipe Calderón se compara con Winston Churchill

Ya lo perdimos. En un discurso ante dos mil delegados federales de Acción Nacional, Felipe Calderón comparó la Guerra contra el Narcotráfico™ con la cruzada que emprendió Winston Churchill contra los nazis. En su intervención, el mandatario espetó que, al igual que con Inglaterra, el futuro de México depende del éxito (o fracaso) de esta batalla contra la delincuencia organizada.

Al puro estilo de un reductio ad Hitlerum, Calderón está jugando sus últimas cartas para defender a ultranza una estrategia que, a todas luces, ha sido equivocada. Mención aparte, es bastante desafortunado que el presidente mexicano se compare a sí mismo con un estadista inglés que, además de su férreo combate contra los nazis, conocido públicamente por su alcoholismo (¿o habrá sido a propósito?).

Sin embargo, lo que más preocupa del discurso es ese pequeño atisbo de megalomanía en las palabras de Calderón. Así apunta el periodista Jorge Zepeda Patterson:

No creo que los mexicanos estén muy dispuestos a comprar la posibilidad de otro sexenio panista con una narrativa que pide supurar “sangre y lagrimas” para salvar al país. Calderón no es Churchill, ni nuestros temibles pero pintorescos sicarios se parecen a la Wehrmacht alemana, con sus divisiones panzer y sus bombas V. Por otra parte, el presidente incurre en obvios riesgos al emular a los Noriega, Gadafi, Trujillo, Idi Amin e innumerables dictadores, jeques y reyezuelos que han exhibido esta curiosa fascinación de concebirse a sí mismos como el Napoleón, el Alejandro Magno, el Abraham Lincoln, o el Rey de Escocia de su tiempo.

Bueno, por lo menos Calderón está internacionalizando sus ambiciones. En mis tiempos, los presidentes de México aspiraban a ser el siguiente Benito Juárez o Lázaro Cárdenas. O a lo mejor quiere ser el siguiente Vicente Fox, empezando su propia colección de declaraciones desatinadas.

Imagen: Puebla Peje