La insoportable porosidad de la frontera sur

Que el tráfico de armas ilegales sólo agrava la situación de la violencia en México; lo sabemos. Que la mayoría de las armas utilizadas en crímenes violentos relacionados con la delincuencia organizada proviene de Estados Unidos; también lo sabemos. El problema es tan grande, tan evidente, y a la vez tan imposible de solucionar en un corto plazo, que es difícil no notarlo. Pero al final del día el tráfico ilegal de armas es sólo un agravante más a la situación que se vive en el país.

Pero mientras México enfoca todos sus esfuerzos en combatir el tráfico de armas desde Estados Unidos y en exigir un cambio de política respecto a este tema por parte de su vecino del norte, hubo una frontera que se descuidó: la frontera sur. En realidad, la actual estrategia de combate al crimen organizado no incluye acciones fuertes al sur del país, y es que con los altos niveles de violencia que se viven en Ciudad Juárez, Michoacán y Monterrey, controlar el tráfico ilegal –cualquier tipo de tráfico ilegal, de hecho- proveniente desde el sur no es algo tan prioritario.

Esto no quiere decir que no se hayan realizado algunos esfuerzos, porque los hay, pero también está en contra lo poco defendible que es la frontera sur y el hecho de que el interés estadounidense, y por ende la mayor parte de los fondos de Iniciativa Mérida, se enfoquen en el norte no ayuda.

El problema de no atacar de manera contundente el problema del tráfico ilícito de armas –Rápido y Furioso aparte- o de atacarlo sin una estrategia clara de prevención, es que, al igual que con la droga, siempre se encontrará otra forma de transportar la mercancía. Lógicamente, al hacerse difícil introducir armas por la frontera norte, la opción más viable es la frontera sur. Así lo constató Arturo Valenzuela, subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado:

Me ha impresionado mucho ver cómo con ciertas tecnologías se está avanzando mucho y se está viendo más y más que las armas ahora están incluso viniendo de otros lados, entre ellos, por ejemplo, la posibilidad de que estén entrando algunas armas de Centroamérica.

Definitivamente, una mayor vigilancia en la frontera sur bien podría ayudar a solucionar este problema, pero si no se logran aplicar acciones coordinadas entre los diferentes gobiernos de la región – Centro y Norteamérica- el problema simplemente resurgirá y, nuevamente, las bandas dedicadas al tráfico de armas habrán encontrado una forma más ingeniosa de burlar a las autoridades. Sin acciones coordinadas, el temible efecto cucaracha se podrá aplicar a un aspecto más de la inseguridad mexicana.

Imagen: Identidad Política